SOBRE LA INDIA

Novedades y Recomendaciones

La ventana del visio-

El soldadito de Dios nario. Física cuántica

Nagarkar, Kiran

para la iluminación Edit. Galaxia Gutem

espiritual.

berg Goswami, Amit

De las calles de Bom-

Edit. Palmyra

bay a las aulas de Goswami, físico nu-

Cambridge, de un moclear educado en la

nasterio en California tradición hinduista,

a los campamentos nos muestra cómo la física cuántica verifica terroristas en Afganistán, El soldadito de Dios lo que los místicos han sabido siempre: que es una novela apasionante que profundiza la conciencia, no la materia, es la base defi-en el fundamentalismo religioso, tanto islánitiva del ser humano. mico como católico.

Aghora. El culto a la Kundalini.

Krishnamurti 100 Svoboda, Robert años de sabiduría

Edit. Kairós

(Biografía ilustrada) El Aghora es una

Blau, Evelyne

antiquísima corriente

Edit. Kairós

espiritual de la India.

Publicado por prime-Se trata de un movi

ra vez con ocasión miento iniciático tán

del centenario de su

trico muy poderoso y, por ende, sólo accesi- nacimiento, este libro es la única biografía

ble a unos pocos. ilustrada de Jiddu Krishnamurti. Personajes tan variopintos como Deepak Chopra, Aldous Huxley, Henry Miller, Alan Watts, Van Morris-son, o George Bernard Shaw, que contribuyen a este libro con relatos vivenciales de sus encuentros con Krishnamurti

Cuentos de los sa-

Aprender es vivir. Car-bios de la India

ta a las escuelas.

Quentric-Séguy, Krishnamurti

Martine

Edit. Gaia Edit. Paidós

Consta de 72 cartas, Éste no es un libro

todas ellas escritas para ser leído sino

personalmente por J. para ser frecuenta-

Krishnamurti para los do, como un amigo

educadores y estu

íntimo, secreto. Jugará con usted al juego diantes de las escuelas que fundó en India,

más misterioso del mundo el del azar que Inglaterra y Estados Unidos.

no existe.

Las pinturas de Ajanta

Fernández del Campo, Eva Edit. Abada

La importancia de estas pinturas en el arte asiático es fundamental, tanto por su calidad artística, se les llama “la Capilla Sixtina de Oriente”, como por ser el único conjunto indio de pinturas de la antigüedad conserva

das en relativo buen estado.

Cosecha robada Shiva, Vandana

Edit. Paidós

En Cosecha robada, Vandana Shiva muestra los efectos de la agricultura globalizada --la de las grandes compañías-- sobre los pequeños agricultores, el medio ambiente y

la calidad de los alimentos que comemos.

Sonrisas de Bombay Sanllorente, Jaime Edit. Plataforma

Tras conocer un pequeño orfanato en Bombay que va a cerrar sus puertas, con sus cuarenta niños a punto de volver a los prostíbulos de la ciudad, Jaume toma la de

cisión que cambiará el resto de su vida.

www.indicalibros.com

ESPAÑA EN EL SUEÑO

esde aquí yo contemplo, tendido, sin memoria el campo. Piedra y campo, y cielo y lejanía. Mis ojos miran montes donde sembró la historia el dulce sueño amargo que sueñan todavía.

Pero el amor fundido en piedra día a día; pero el amor mezclado con monte, o con escoria, es duradero, y te amo, oh patria, oh serranía crespa, que te levantas bajo el cielo, ilusoria.

Campos que yo conozco, cielo donde he existido; piedras donde he amasado mi corazón pequeño; bosques donde he cantado: sueños que he padecido.

Os amo, os amo, campos, montañas, terco empeño de mi vivir, sabiendo que es vano mi latido de amor. Mas te amo, patria, vapor, fantasma, sueño.

Carlos Bousoño

CITA

ay en nuestro corazón un diminuto espacio y, sin embargo, en él moran el sol, la luna y las estrellas.

Chandogya Upanisad, 8-I

.

o he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? Opinión correcta, decisión correcta, discurso correcto, comportamiento correcto,
Francisco de Quevedo sustento correcto, esfuerzo correcto, atención correcta y meditación correcta.
Noble camino óctuple de la doctrina del Buda

AGLUTINANTE DE SU CULTURA

Félix Roig

ndia es el país mítico por antonomasia. Existen tres razones de peso para que así sea: una, los cinco mil

años de historia de su portentosa civilización, dos, el enorme peso de la unión de su cultura con su sentir religioso, único en el mundo. Y tres, el hecho extraordinario de que la naturaleza de los tres aspectos mencionados, civilización, cultura y religión, se hayan mantenido prácticamente inalterados desde la Antigüedad hasta el momento presente, de modo que a India se la conoce por ser el museo viviente más antiguo de la historia de la humanidad.

Hay pocos países que, a lo largo de la historia del hombre, hayan despertado tanta fascinación y al mismo tiempo hayan ido más allá de los mitos que la definen. India es por naturaleza, desmesurada, sorprendente, compleja y paradójica; razón por la que a menudo se la considera profundamente ajena y difícilmente comprensible, el reino de los contrastes, los opuestos y las contradicciones.

India simboliza y engloba ese océano sin fondo de las emociones que han sustentado la singladura del hombre, reclamando para sí el monopolio del fluido interminable de sus sentimientos. Pocos países se acercan al grado o a la intensidad de sus descubrimientos. Cada concebible matiz de emoción y todas las pasiones humanas posibles, pueden encontrarse en este abigarrado microcosmos de las aspiraciones de la vida.

El poder aglutinante de su cultura, el carácter orgánico de su fibra social y la gran cantidad de influencias foráneas recibidas, han hecho de India uno de los países más multidimensionales del mundo, tan poliédrico, rico y vibrante en todas las esferas, como se encuentra en pocas sociedades.

India jamás conoció una entidad política unificada hasta su independencia en 1947, y sin embargo siempre mantuvo una fuerte cohesión cultural, dada mayor-mente por la integrante fecundidad del hinduismo, una religión así mismo aglutinante que ha mantenido unidos a los pueblos y a las culturas más dispares de su extensa geografía. Esta omnipresente fuerza latente es la razón de que India siempre se la asocie con religiosidad.

Existe mayor diversidad de religiones y creencias en India que en ninguna otra parte del planeta. El hinduismo es la religión más antigua del país, practicada por el 81% de la población, más de 800 millones de personas, que conforman la mayor comunidad religiosa de toda Asia. Así mismo, posee la tercera comunidad musulmana más numerosa del mundo, tras Indonesia y Pakistan, con más del 13% de su población. Budismo, jainismo y sijismo nacieron así mismo en la India y el país cuenta con el mayor número de parsis o zoroastrianos, originarios de Irán y emigrados al país el siglo IX. La presencia del cristianismo, con gran parte de sus iglesias, es así mismo muy signi

cativa.

Campos de Té (Darjeeling-Bengala Occidental)), foto de Félix Roig.

La rica textura espiritual del país se extiende también al número de lenguas que se hablan. La Constitución de la Unión India, que actualmente consta de 30 Estados, reconoce 18 idiomas oficiales. Entre ellos, el hindi y el urdu, -ambos considerados una sola lengua, se convierte en la segunda más hablada del mundo-, mientras que el bengalí es la cuarta. No obstante, se calcula que en el país se hablan más de 1.600 lenguas y dialectos distintos, de las cuales 415 son lenguas habladas por más de varias centenas de miles de personas, unas cifras inigualadas por ninguna otra nación.

Racialmente hablando, la India es mucho más homogénea. Cuenta con 6 grupos étnicos principales, a los que hay que añadir 450 tribus, pueblos a menudo llamados “adivasi”, cuyo significado literal es el de “primeros habitantes”, puesto que ya se encontraban en el país antes de las grandes invasiones indo-arias y dravídicas, anteriores a la era cristiana. Estos pueblos tribales viven generalmente en regiones montañosas y boscosas, a menudo muy aisladas, en las que mantuvieron casi intactas sus creencias y modos de vida, ajenas al resto, distinguiéndose por su estrecho contacto con la naturaleza y un genio muy especial por la artesanía, una de las más bellas del país.

La riqueza cultural de India es equiparable a su diversidad geográfica. Dentro de sus fronteras se encuentran seis de los ocho grandes ecosistemas o biomas existentes en la Tierra, desde algunos de los desiertos más antiguos del planeta, hasta llanuras aluviales, densas selvas tropicales y bosques templados, con ecoregiones indias tan características como bosques de sal, teca y sándalo de hoja caduca, así como bosques de coníferas en los valles alpinos del Himalaya, y joyas naturales como el delta de mangle más extenso del mundo.

Su historia y legado cultural es lógicamente apabullante. Desde el imperio de Magadha (700-300 a.C.), India ha conocido quince grandes imperios y más de 50 dinastías. Su patrimonio histórico y artístico es por tanto inconmensurable.

y

Reúne más de 300 ciudades y emplazamientos históricos de primer orden, más de un centenar de centros importantes

d

de peregrinación y 60 festivales religiosos d

pan-indios. El país cuenta con 22 enclaves de carácter tan excepcional que la

v

UNESCO los ha considerado poseedores de un “valor universal”, tratándose por

d

tanto del sexto país con mayor número t

de lugares designados Patrimonio de la d

Humanidad, solo por detrás de China en Asia, y España, Italia, Francia y Alemania

A

en Europa.

El amante del arte y la arquitectura encontrará que la India cuenta con un riquísimo legado en el que destacan más q

de 120 fuertes medievales, un número

d aproximado de 50 majestuosos palacios, más de 300 complejos de templos hindúes de interés histórico, además de cientos de mezquitas, mausoleos, monasterios y estupas budistas, cenotafios y otras muchas obras tanto de carácter secular como vernáculo.

El entusiasta de la naturaleza descubrirá en la geografía del país y sus espacios vírgenes, una diversidad de escenarios infinita. La cordillera del Himalaya en India tiene dos de las diez montañas más altas del mundo, el Kanchenjunga con 8.598m y el Nanda Devi con 7.817m, mientras que el laberinto de valles que la conforman, son un escenario incomparable en el que practicar escalada, montañismo, trekking y senderismo. India tiene 486 reservas naturales, de

Seguidor Shivaíta (Goa), foto de Félix Roig.

las cuales 93 son parques nacionales y 14 reservas de la biosfera, ocupando el 4,7% del total de su territorio.

Entre sus parques naturales hay 37 plenamente equipados para recibir visitantes, distribuidos entre 16 Estados distintos, ofreciendo todos los ecosistemas imaginables: valles alpinos, bosques de hoja caduca, desiertos, llanuras boscosas, selvas, valles aluviales, pantanales, praderas, mesetas volcánicas y arrecifes de coral y mangles. La suma de todos ellos ofrece una de las biodiversidades más ricas de la Tierra, con la oportunidad de conocer 89.451 especies animales y 49.219 especies de plantas, entre ellas 5.200 endémicas y 2.000 usadas para fines ayurvédicos.

Los 7.516 km de litoral del país ofrece una variedad de paisajes costeros única en Asia. Los 10 Estados indios que disponen de costa exhiben un gran número de puertos históricos, comunidades con fascinantes mezclas culturales y un rosario de playas en gran medida intocadas, pues India es uno de los países que más se ha resistido a la desmedida planificación urbanística de sus playas.

Junto a su historia, cultura y diversidad natural, India destaca así mismo por un aspecto mucho más inefable: su irresistible singularidad. Pocos viajeros son sumado a las grandes innovaciones de

s

nuestro tiempo con sorprendente agili

n

dad, ya sea en el campo de la tecnología,d

las telecomunicaciones y la informática,l

ofrece un añadido más a ese irresistible

o

lienzo vital en el que todo parece tanl

posible como difícilmente explicable.

p

Por tanto, no creemos exagerado afirmar que la India sigue siendo “el viaje”m

por excelencia. Un viaje que por fuerza

p

acaba convirtiéndose en una “experien

a

cia”, una “reflexión”, pues como ningún

c

otro destino, el viajero en India siempre

o

acaba por descubrir algo o por revelárse

a

le una parte de si mismo, no importa ell

periplo que se haya impuesto. Y ya sea

p

aquello que uno haya salido a buscar o

a

algo totalmente inesperado y revelador,

a

el país siempre nos brinda una de esas

e

inspiraciones, gracias a las cuales las ex-i

pectativas del viaje se materializan en la

p

plenitud del momento presente.

p

En consecuencia, resulta connatural que pocos países hayan sido tan extenq

samente documentados como la India.

s

Existe una cantidad abrumadora de libros dedicados a su civilización, historia, culturas, religiones, fauna, flora, arquitectura, arte, música, gastronomía y un largo etcétera. Igualmente hay un amplísimo abanico de guías sobre el país, ya sea en su conjunto, por Estados, ciudades más importantes, o bien haciendo hincapié en sus culturas regionales, historia

o una particular vertiente espiritual.

Cuanto hemos enumerado anterior-mente no solo expone lo que ofrece el país, sino que subraya también el hecho, lógico por otra parte, pero no por ello menos curioso, de que la India sigue siendo hoy un país enormemente desconocido. Las cifras hablan por si solas.

India recibió el año 2006, algo más de 4 millones de visitantes, lo que le sitúa como el 35 país más visitado del mundo, por detrás de naciones asiáticas como China,Tailandia y Malasia, así como de otras tan dispares como México, Sudáfrica o Hungría.

Añadamos a ello que el 75% de turistas que anualmente visitan la India, se dirigen y recorren invariablemente las mismas zonas. Los viajes organizados cubren por regla general, en proporción de mayor a menor, cuatro itinerarios clásicos. El llamado Triángulo de Oro, con la capital Delhi, Agra y Jaipur –así como una frecuente extensión a Benarés y Khajuraho. Las ciudades monumentales de Rajastán, Jaipur, Udaipur, Jodhpur y Jaisalmer. Bombay y los centros playeros de Goa y Kerala en el sur. Y por último, el circuito que cubre las ciudades con los grandes templos dravídicos de Tamil Nadu, así mismo en el sur.

El turista independiente, además de los lugares mencionados arriba, también suele dirigirse a los escenarios más destacados del Himalaya. Ya sean las estaciones de montaña de Himachal Pradesh, los centros de peregrinación de Uttaranchal, el marco de alta montaña de Ladakh o poblaciones tan populares como Darjeeling, en las estribaciones de Bengala Occidental. Si sumamos el área aproximada de todos estos destinos y circuitos, la cifra resultante apenas cubre un área que se corresponde al 25% del total de la India.

En base a estos datos, hay que remarcar una vez más, que no dudamos en considerar a la India, no solo como uno de los países más excepcionales del

mundo, sino también uno de

m

los menos conocidos, y porlo

tanto merecedor del esfuerzo

ta

que puede requerir cubrir la

q

distancia que nos separa ded

ella para visitarla y descubrirla.

e or último, solo decir que en la India se reconocerá el viajero

In

amante de lo insólito, el punti

a

lloso aficionado a las obras de

ll

arte, el naturalista de corazón

a

que quiera avistar la fauna

q

salvaje más excepcional, el

s

tenaz montañero de largo rete

corrido, el que se regocija en

c

la magia de los espacios másla

serenos, así como el viajero

s

paciente que se recrea tanto

p

en el placer que produce el

e

camino a recorrer como el ob-

c

jetivo finalmente logrado.

je

Félix Roig, periodista freelance, vie-ne repartiendo su tiempo entre Barcelona y diversas regiones de India. Sus numerosos artículos y fotografías sobre la India se han publicado prácticamente en todas las revistas de turismo de España. Actualmente está llevando a cabo investigación sobre los Shakti Pithas en la India.

Templo de Brihadisvara ( Thanjavur - Tamil Nadu ), foto de Félix Roig.

ram- Tamil Nadu), foto de Félix Roig.

POTENCIA ECONÓMICA

Fernando Rubio Milá

l continente asiático, el mayor conjunto demográfico del mundo, experimenta las más brutales contradicciones y así, frente a países con un extraordinario auge económico, se hallan otros muchos en los cuales existen elevados índices de pobreza.

Enfrentada a una serie de convulsiones, internas o externas pero con frecuencia de alcance global, Asia ha visto modificar profundamente su identidad y su imagen en el exterior.

No solamente los conceptos de “dragón” o de “tigre” económico van camino de desaparecer, sino que la zona asiática comparte con los demás países del globo un sentimiento de vulnerabilidad frente a las nuevas amenazas y se implica en la búsqueda de soluciones globales.

En una etapa políticamente tan importante como la actual, tras cumplirse más de sesenta años de su independencia y tener ante sí infinidad de retos que afrontar en estos inicios del siglo XXI, India encara una década que puede ser decisiva.

De entrada hay que puntualizar que, cualesquiera que sean los planteamientos y decisiones a tomar por los dirigentes indios, éstos pasan de forma ineludible por mantener la cohesión y estabilidad interna, lo que siempre resulta harto complicado ya que repercute directamente en los temas económicos, por otra parte fundamentales.

tiempo.

Muy a pesar de que en Occidente siempre se ha querido relegar a la India a un eterno subdesarrollo, lo cierto es que, aunque lentamente, ha entrado en una fase de crecimiento que le catapulta en estos momentos a estar considerado como uno de los países más industrializados del mundo, amén de ser uno de los mayores mercados. Incluso se apunta que do era, por razones obvias, el país más vinculado a la India, sin embargo, mucho han variado las cosas en los últimos tiempos y un vendaval privatizador por una parte y liberalizador por otra, está revolucionando una economía antaño vedada a los países occidentales.

Al respecto hay que apuntar que, ahora no queda lugar para la nostalgia, para cuanto pudo haber sido y no fue. Posiblemente de no haberse seguido hace años planteamientos conservadores en exceso, a estas alturas hablaríamos de una India mucho más desarrollada, pero eso es agua pasada.

India dispone de excelentes mimbres. Sus bajos costes de producción y el hecho de disponer de un mercado potencial extraordinario frente a unos inversores extranjeros muy entusiasmados, los cuales antaño eran alejados de forma sistemática, le hacen capaz de competir en la actualidad en materia de tecnología espacial, informática o incluso centrales nucleares, sin olvidar el apartado textil.

La milenaria y exótica India tan admirada por el turismo internacional (otra de sus importantes fuentes de ingresos) se está viendo arrollada por una revolución industrial y tecnológica que tiene sus ojos puestos en el futuro y con mentalidad moderna.

Si se observa el crecimiento experimentado por India después de la década de los noventa, tenemos que durante el periodo 1991-92 a 2006-07 la economía creció a una tasa media anual del 6,3%. En los últimos cuatro años, es decir, 2003-04 a 2006-07, la economía alcanzó una tasa media de crecimiento del PIB del 8,6%.

Dado que se espera un crecimiento cercano al 8,5% para el 2007-08 estaríamos frente a la instancia de crecimiento promedio más alto del PIB, si lo comparamos con cualquier otro periodo de desarrollo de cinco años posterior a la independencia. Esto impulsó a la Comisión de Planeamiento a elevar el objetivo de crecimiento en el onceavo Plan Quinquenal a un 10% para el último año (2011-12) y a una media del 9% para la totalidad del periodo comprendido en el Plan (2007-08 a 2011-12).

Evidentemente la economía de la India avanza hacia una trayectoria de mayor crecimiento.

Por otra parte, la deuda externa que se había agravado significativamente en la década de los ochenta, ha mejorado en los últimos años. Gracias a un manejo prudente de la deuda, la India logró reducir su deuda exterior expresada como proporción del PIB de un 28,7% en 1990-91 a un 15,8% en 2005-06.

Durante los últimos cuatro años, el auge económico de la India generó un intenso debate en torno a las perspectivas económicas de ese país. El crecimiento rápido y sostenido es, sin duda, una condición necesaria, aunque no suficiente, para la erradicación de la pobreza y la mejora de los estándares de vida.

Resulta evidente que si se alcanza la meta de crecimiento propuesta, como lo vaticinan varios estudios recientes (Goldman Sachs y Mckenzie Internacional, por ejemplo), la India surgirá como la tercera economía del mundo. Su impacto en el total de la demanda de productos básicos a nivel mundial y en el flujo de recursos financieros, tecnológicos y humanos será decisivo, mientras que sus mercados ofrecerán excelentes oportunidades a la inversión extranjera directa.

Si durante los próximos quince años la India mantiene las altas tasas de crecimiento que se han registrado desde 2003-04, la pobreza absoluta disminuirá significativamente y hacia el 2020 la India emergerá como una de las mayores economías mundiales.

El país está en la cima de un despegue económico histórico con potencial para erradicar la pobreza y la indigencia. Los datos ya señalados marcan una nueva trayectoria de crecimiento, similar a la lograda por China después de quince años de haber comenzado el proceso de reformas estructurales. Esta economía se caracteriza por la presencia fuerte de factores de auge y condiciones exteriores favorables que tienen el potencial de impulsar la economía india para que avance a tasas de crecimiento de dos dígitos en los próximos años.

Las predicciones de Toshihiko Fukui, gobernador del Banco de Japón, han sorprendido por su franqueza al advertir del espectacular despegue de India para convertirse en la tercera potencia económica superando a Japón.

Toshihiko Fukui, ha llegado a admitir que la economía de su país será superada antes del 2025 por la de India, que se convertirá en una potencia económica mundial en poder de compra.”Si proyectamos la tasa de crecimiento actual, la paridad del poder de compra de India será superior a la de Japón antes del 2025 y se ubicará en tercer lugar, detrás de Estados Unidos y China” -declaró Toshihiko Fukui en una conferencia sobre la economía india en Tokio-.

China es el mercado rey para deslocalizar la producción, pero no el único.

India está mucho menos saturada y esconde un alto atractivo, sobre todo para la alta tecnología.

EL IMPORTANTE SECTOR DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

El sector de las nuevas tecnologías se ha convertido en uno de los motores económicos de la India, desplazando progresivamente a otros sectores tradicionales como las manufacturas y la agricultura. En los últimos años, el sector servicios ha llegado a constituir casi el 60% del PIB indio, gracias a la especialización que se ha dado en los sectores del software y servicios relacionados.

Para entender el porqué de esta situación, que se puede dar cada día en muchos lugares del mundo, es necesario considerar el papel que está jugando hoy en día la India en las relaciones económicas internacionales.

El sector de las tecnologías de la información (IT), el preferido dentro de la economía india, alcanzó en el periodo 2004-2005 unos volúmenes de negocio de 22.000 millones de dólares, de los cuales 17.000 millones se generaron a partir de la exportación de servicios de IT. Para hacernos una idea de la rapidez con la que crece el sector, nos bastan dos datos: en los últimos cinco años, el valor de las exportaciones anuales casi se ha triplicado (en el año 2000 ascendieron a 6.200 millones de dólares) y para el año 2008, los más optimistas hablan de volúmenes cercanos a los

45.000 millones de dólares. Las causas de tan espectacular evolución tienen su origen en los principios de los años noventa, cuando la India inició su proceso de apertura económica. Una mano de obra barata y relativamente cualificada, con un conocimiento del inglés por encima de la media en Asia, fue y sigue siendo el factor clave que ha impulsado a cientos de empresas a deslocalizar parte de sus procesos como método de reducción de costes, principalmente subcontratando servicios tecnológicos a otra empresa, y en algunos casos, implantándose directamente en el país.

Según Nasscom, la Asociación Nacional de Empresas del Software y Servicios de India, la deslocalización de parte de los procesos relacionados con las IT ha ayudado a las empresas a reducir sus costes hasta en un 40-50%, gracias al ahorro en infraestructuras, mantenimiento, equipamiento y salarios.

El gobierno indio, en este sentido, ha promovido en las últimas décadas la creación de parques tecnológicos en diversas ciudades del país, como Bangalore, Delhi o Hyderabad, que apoyadas por un política educativa orientada hacia la formación de profesionales en este sector, han conseguido altos niveles de eficiencia y productividad.

Desde luego, el sector de las IT no se reduce sólo a los famosos “call centres” (servicios de atención al cliente por teléfono). Por un lado, India cuenta con una excelente infraestructura para la producción de software y servicios relacionados, donde destaca la alta relación calidad-coste de actividades como el desarrollo y mantenimiento de aplicaciones informáticas, integración de sistemas y servicios de red y por otro lado, India se perfila como una gran potencia mundial en otros sectores de la empresa relacionados con las IT, como son los propios “call centres”, contabilidad, administración de personal, etc.

En la actualidad, los veinte grandes grupos indios del sector, como Wipro o Tata, que suponen un 49% del volumen total de negocio, ofrecen incluso servicios de análisis financieros, servicios jurídicos y hasta estudios de ingeniería y operaciones actuariales.

Geográficamente, Estados Unidos es con diferencia el principal cliente indio de servicios de IT. En 2004-2005, las exportaciones a dicho país supusieron un 70% del total, seguido por la Unión Europea (principalmente Reino Unido), con un 22% del total. El sureste asiático y

Japón, a pesar de su poco peso actual en las cifras totales, comienza a ganar importancia en los planes de expansión de los grandes grupos de IT indios.

Esta concentración de las exportaciones en Estados Unidos y Reino Unido, en menor medida, se explica en parte con la fuerte implantación que se ha dado de grupos multinacionales de estos países en India, cuyas inversiones y servicios “retornan” en forma de importaciones.

Desde los EEUU, la presencia de grupos como Microsoft, Oracle, EDS, o Apple, entre otros, contribuye enormemente a la balanza de pagos india. Desde el Rei-no Unido, cabe señalar el hecho de que la aerolínea British Airways realiza todas sus operaciones de atención telefónica al cliente desde India.

El sector de las nuevas tecnologías se ha convertido, a no dudarlo, en uno de los principales motores económicos del país.

A nivel interno hay que seguir trabajando para que se equilibren en mayor medida las abismales diferencias sociales que existen y luchar contra la corrupción como uno de los objetivos primordiales. Sin ocultar en ningún momento la preocupación por erradicar viejos errores, haciéndose eco de una situación real y lejos de triunfalismos, estos conceptos deben ser interpretados como un punto y aparte, un revulsivo para afrontar en lo sucesivo la que será, sin duda, una ardua tarea de cara a protagonizar el arranque definitivo de la India hacia el futuro, un futuro que contando con más de sesenta años de experiencia, debe fundamentarse en una gran transformación y no sólo económica, sino también social.

EL FENÓMENO INDIO EN OCCIDENTE

De igual forma, otros sectores están alcanzando una gran relevancia. Tal es el caso de la alta costura o la industria cinematográfica.

Bastantes son ya, por ejemplo, los diseñadores de moda que han expuesto en ciudades como Nueva York, París, Londres o Milán, muestra evidente del notorio prestigio alcanzado.

Por su parte, la liberalización económica influyó decisivamente en la expansión del cine indio, el llamado “Bollywood”. En la actualidad se ruedan alrededor de mil películas cada año y no sólo en Mumbai, sino también en Chennai, Kolkata, Thiruvananthapuram y Bangalore. El cine indio traspasa fronteras y está siendo reconocido a nivel mundial.

El auge de sus “fábricas de sueños” ya no es una promesa sino una auténtica realidad. Occidente está comenzando a asimilar que India no es sólo un país exótico con costumbres y ritos ancestrales, sino que los personajes de sus filmes también saben interpretar escenas musicales, visten ropa tejana, hablan un inglés perfecto y son capaces de utilizar las tecnologías de punta.

En líneas generales, en la India una gran mayoría de productos son de fabricación nacional y contribuyen al con-sumo interno. Infinidad de negocios proliferan, especialmente en las grandes urbes (restaurantes, bungalows, discotecas, hoteles, agencias de viajes, etc.) y, aunque por el momento sólo son asequibles a una minoría privilegiada, apenas hace unos años eran algo impensable y constituyen un auténtico “boom” propiciado por el auge económico de los últimos tiempos.

La revolución está resultando tan

vertiginosa como radical y la fiebre del consumismo avanza imparable. Incluso aspectos tan dispares como pueden ser las comunicaciones o la educación, están sufriendo profundos cambios.

En la última década se han multiplicado de forma espectacular los canales de televisión, compitiendo entre ellos de forma implacable por rodar los mejores programas o series e informar más y mejor, porque son conscientes que tienen una audiencia de millones de espectadores.

Por encima de todo, nadie pone en duda las raíces marcadamente democráticas de una sociedad tan vasta como heterogénea. Cualquier otro país, de hecho ha sucedido en infinidad de ellos y con menos motivos, se hubiera visto abocado a una fuerte crisis interna y a diferentes niveles. La India, sin embargo, no es así. Los medios son totalmente libres, la justicia es independiente y los políticos tienen muy asimilado que no se puede torcer bajo ningún concepto el carácter fundamental de constituir la mayor democracia del mundo. De ahí que los importantes retos establecidos para este nuevo siglo, sin lugar a ningún género de dudas, se estén afrontando con un marcado optimismo.

En el importante tema de la educación también existen transformaciones evidentes y el analfabetismo en los adultos sigue descendiendo considerablemente. Antaño sólo las familias de elevado poder adquisitivo podían enviar a sus hijos a estudiar fuera del país, al Reino Unido principalmente, pero en la actualidad son los propios jóvenes quienes exigen un mayor número de universidades para no tener que salir al exterior. Un ejemplo tan curioso como realmente significativo viene demostrado por el hecho de que el idioma inglés, que fuera impuesto por los colonizadores británicos, está siendo relegado por el propio hindi.

Se tiene la confianza de que los avances en los sistemas educativos e incuso el propio consumismo acaben por desterrar las diferencias sociales y también los problemas étnicos y religiosos que siempre han atenazado los principios fundamentales del país y su desarrollo.

Muchos hábitos están cambiando y la misma familia vive una revolución interna. La incorporación de la mujer al mundo del trabajo es un hecho, especialmente en las grandes ciudades, y por ello comienzan a ser frecuentes los ejemplos en dirigentes de empresas de servicios, pilotos, médicos, científicos, etc. consecuencia de que cada vez es mayor también el número de mujeres que realizan estudios y acceden a las universidades.

Existe un mercado potencial superior a los 200 millones de habitantes pertenecientes a una emergente clase media, segmento que viene experimentando un crecimiento entre el 18 y el 20%. También existe un mercado superior, de unos 60 millones de habitantes, con un alto poder adquisitivo similar al europeo… datos más o menos elocuentes sobre la evolución que se experimenta en el país, no obstante, sigue existiendo un “handicap” considerable para cualquier tipo de expansión y, a no dudarlo, uno de los principales problemas que debe afrontar la India en el futuro, el de la superpoblación.

Cierto que frente a unos sectores evolucionados y con notable poder adquisitivo, siguen existiendo otros con muchas carencias, nadie lo niega, no en balde sigue siendo un país de inmensos contrastes. Pero no es menos cierto que hacer críticas en negativo refiriéndose a la India es fácil y, por desgracia, resulta harto frecuente encontrar a quienes ejercen esta práctica destructiva. En la mayoría de los casos fuentes desinformadas que tienen sólo una visión muy relativa y adicta a los viejos clichés.

Hay que ser realistas y aceptar que, frente a un muy elevado tanto por ciento de desfavorecidos, existe también otro importante, un sector social en plena evolución que apuesta por el desarrollo.

La India no es sólo el país del que los medios de comunicación difunden noticias cuando se producen grandes catástrofes naturales y terremotos o inundaciones arrasan algún estado. La India, un compendio humano que puede describirse pero difícil a la hora de tratar de comprender desde Occidente, es también el país donde los empresarios ágiles están percatándose de que de ellos puede depender buena parte del inmediato futuro. Cada vez es mayor el número de inversores y aún van a ser precisos muchos más, y sólo desarraigando inercias históricas, venciendo los condicionantes de todo tipo que le aprisionan, será posible iniciar el despegue definitivo.

Alguien calificó la independencia, la salida de una experiencia amarga y traumática, como un amanecer sin mediodía, el despertar de un sueño abstracto, para afrontar una más cruda realidad. Eso fue hace más de sesenta años. La India de hoy es distinta y desde que comenzó a reactivarse la economía de mercado, la posterior evolución viene desarrollándose satisfactoriamente, quizá con más lentitud de lo deseado, pero con absoluta firmeza.

En la actualidad, el poder de la India se considera, sin duda alguna, mucho más equilibrado que el de otros países emergentes.

Los expertos aseguran que India, con un crecimiento anual sostenido y evolucionando como lo viene haciendo, puede ser la gran sorpresa a lo largo de la próxima década. El país se halla frente a una nueva etapa, posiblemente decisiva, en la que, sin duda, seguirá buscando el desarrollo de su propia identidad, reduciendo ante todo su dependencia externa, tratando de solucionar problemas internos y a la vez demostrando su auténtica capacidad para desafiar a Occidente en los mercados globales.

Los indios están plenamente convencidos de que tienen el destino y, por supuesto, la obligación de desempeñar un importante papel y no sólo en Asia sino también en la escena internacional.

Fernando Rubio Milá vive en Barcelona. Es periodista y frecuente viajero a la India. Sus numerosos artículos sobre la India se han publicado en diversas revistas españolas.

Foto de Sebastián Romero.

RÍO DE LOS HUMANOS

Vicente Molina Foix

l Ganges* nació como el “río blanco”, pero los siglos, las calamidades y el uso de sus aguas por el hombre lo han hecho de un color indeciso y abstracto. Su nacimiento se cuenta en uno de los más hermosos episodios del ‘Ramayana’, y desde ese borroso tiempo del mito el curso del Ganges ha corrido en paralelo al devenir de la India. Agastia, un santón filosófico temido por la capacidad insaciable de su estómago, tuvo un día el antojo de tragarse el océano, cosa que hizo sin gran esfuerzo, trayendo así la más atroz sequía a la tierra. Como la situación amenazaba la existencia de toda la población, las divinidades tuvieron que arbitrar —allá en sus altas moradas del Himalaya- una solución, decidiendo al fin desprenderse del río celestial, el Ganga (o Ganges), que con el flujo de su Vía Láctea descendería a la tierra para regarla.

Pero los dioses sabían que el infinito caudal lechoso de Ganga podría tener un efecto no muy distinto del que hoy conocemos, sobre todo en el Levante español, como “gota fría”. La súbita descarga en una tierra sedienta y seca de la masa de agua iba a ser más dañina que saludable, y es entonces cuando aparece en la leyenda Siva, el dios dual de la destrucción y la creación, sensual danzarín y asceta enfurruñado. Sus congéneres le encomendaron a Siva la tarea de parar el golpe de toda aquella agua que bajaba de la montaña o, según otras versiones, salía de un dedo del pie de dios Visnú. Y de ese modo Ganga fue al bajar recibida por la cabeza de Siva, El día a día en el Ganga.

* El nombre del río en India es Ganga.

célebre por su trenzada mata de pelo en la que el agua de Ganga estuvo circulando varios años sin encontrar un cauce. En ese esfuerzo, el río fue perdiendo su fuerza torrencial, y así cuando al fin el propio Siva lo dividió en siete riachuelos Ganga llegó a las llanuras indias sin causar daño.

El encuentro de la corriente fluvial y la boscosa cabellera del dios de la creación está plasmado de modo diverso en los relatos védicos, en algunos confundiéndose el agua con los fluidos seminales del potente Siva, pero destaca por lo pintoresca la libertad que se toma Roberto Calasso en su manual de divulgación mitológica ‘Ka’, haciéndole decir a Ganga, mientras embiste, sin gran efecto, la tupida cabeza de Siva: “Jamás alcanzaré la tierra si continúo vagando por este estúpido y espantoso bosque”. Y bien fuese por el enfado de la deidad fluvial o por la argucia de Siva, lo cierto es que la llegada del agua a la tierra inició una larga e inacabada historia de beneficio a los vivos y acogimiento de los muertos, expresada sentenciosamente por el propio Siva en uno de los himnos de las tradicionales compilaciones genealógicas hindúes: “Ella [Ganga] es la fuente de la redención. Montones de pecados, acumulados por el pecador a lo largo de millones de nacimientos, quedan destruidos por el mero contacto de un viento cargado con su vapor. Y como el fuego consume el combustible, así esta corriente consume los pecados de los malvados”.

Sin embargo, el río sagrado de la India no sólo tiene leyenda y espíritu trascendental, sino también una geografía, una fauna, unos peligros y unos olores a veces demasiado humanos. No he conseguido cumplir el sueño que el escritor inglés Eric Newby sí logró en el invierno 1963/1964, viajando con su mujer Wanda por o junto al río desde las primeras estribaciones en el estado de Uttar Pradesh hasta la desembocadura en la bahía de Bengala y contándolo por escrito, pero lo he navegado en varios de sus tramos y he visto su lentitud perezosa, su fuerza en el destrozo, su magnanimidad con los cuerpos de los difuntos. No se trata del más extenso ni el más caudaloso del mundo; el Nilo, el Amazonas y el Mississippi son casi tres veces más largos que el Ganges, y también el Indo, el Eúfrates, el Níger, el Río Amarillo y el Danubio le superan en longitud. En todo caso, sus dimensiones y cifras son colosales. Desde el montañoso norte hasta las proximidades de Calcuta, el Ganges recorre 2.506 kilómetros, cruza cuatro de los estados indios más poblados (330 millones de habitantes, casi un tercio de la población total de la India), y su ramificación final forma un delta de una anchura de 320 kilómetros.

Aun así, la mayor fertilidad del Ganges es evocativa, y ese poder de transformación imaginaria de su naturaleza empieza con los nombres: 108 reseñados en los libros santorales, que van de aquellos estrictamente denotativos, Ganga y Ganga Ma (‘Madre Ganges’) a los poéticos o perifrásticos: ‘Sarac-candra-nibhanana’ (‘Que asemeja a la luna de otoño’), ‘Svarga-sopana-sarani’ (‘Que fluye como una escalera hacia el Cielo’), ‘Samsaravisa-nasini’ (‘Que destruye el veneno de la ilusión’), ‘Bahu-ksira’ (‘Que da mucha leche’) o ‘Amrtakara-salila’ (‘Cuyas aguas son una mina de néctar’). Mi favorito de los 108 es el de ‘Niranjana’, que puede traducirse como “no pintado con colirios”, una recatada forma de decir que sus aguas son incoloras. ¿Lo son real-mente o es al contrario el exceso de coloración, real y ficticia, el que provoca su variable policromía?

Gustavo Adolfo Bécquer nunca estuvo en la India, pero sí viajó allí su cabeza soñadora, que le dictó la historiada descripción de un ceremonial con elefantes engalanados y luminarias en el templo del Kailasa, en Elora, y una de sus más fogosas leyendas, ‘El caudillo de las ma-nos rojas’. En esta novela corta, Bécquer pinta a su protagonista alzándose ante una fortaleza “a cuyos pies corre el Ganges como una inmensa serpiente azul con escamas de plata”. Es sólo uno de los posibles colores románticos del Ganges, que nuestro poeta sitúa en un contexto de “alcázares de Benarés”, sumisas “viudas indianas” que se arrojan al fuego con el cadáver de su esposo y portentosos combates entre dioses, guerreros, príncipes, serpientes gigantes y cuervos de blanca cabeza; el ‘lujo asiático’ de la narración, que, por buscar otro inesperado ejemplo español, también tentó a Don Juan Valera, autor de algunos cuentos orientales y de uno en particular, ‘Garuda o la cigüeña blanca’, donde el lector sigue una rocambolesca historia de amor que lleva a su heroína, la condesa Poldy, del Danubio al Ganges, desplegándose en los episodios de la India toda la panoplia de efectos especiales del orientalismo fantástico.

El deseo de pensar el Ganges como río de la imaginación, del ensueño, es poderoso y con frecuencia irresistible, tanto quizá como su cauce serpenteante. Una manera de rebajar el tono lírico de semejante idealización es seguir la peripecia del matrimonio Newby en el citado libro, ‘Slowly down the Ganges’ (‘Bajando lentamente el Ganges’), uno de los mejores relatos de viajes que he leído. Newby tiene un ojo muy vivo para las bellezas del paisaje y la prosopopeya de los numerosos ritos que él y su esposa pudieron contemplar en el largo trayecto, pero tampoco le falta el instinto aventurero y el no menos británico espíritu de la comedia. Apasionante resulta el pasaje en que su embarcación, después de estar varada en un remanso, llega a unos rápidos turbulentos, donde a punto están de naufragar y ahogarse; brillantemente tétrica su descripción de una bandada de murciélagos víctima de un empacho frutal; así como francamente divertido el encuentro junto a la orilla con el primer ministro Nehru, elegante, pagado de sí mismo y muy mandón con su hija Indira Gandhi, que anda por allí de secundaria.

Como todos los grandes ríos sometidos a las crecidas y a las sequías, el Ganges puede ser ameno y temible.

Recuerdo una aventura vivida en Allahabad, ciudad situada a 135 kilómetros al oeste de Benarés. Allahabad tiene un antiguo fuerte bastante airoso y también ofrece, a quien le interese la genealogía de los humanos más que la de los dioses, la casa familiar de los Nehru. Tuve la suerte de coincidir en un viaje con el Kumbh Mela, festividad religiosa muy concurrida (casi tres millones de peregrinos en aquella ocasión), que a Allahabad le corresponde albergar cada doce años, repartiéndose el honor con otras tres ciudades en las que, según la mitología hindú, cayeron gotas del néctar de la inmortalidad. La cultura acuática de los indios es proverbial, tanto como su pasión por el peregrinaje, y el espectáculo de una creencia tan viva, tan llena de color, es, sobre todo para un ateo, desconcertante al principio y a la larga revelador. Así lo fue por cierto para Pier Paolo Pasolini en su viaje a la India de 1961, realizado en compañía de Alberto Moravia y Elsa Morante, del que el poeta y cineasta italiano, que escribió al volver un excelente libro breve, ‘El olor de la India’, sacó unas muy inteligentes conclusiones sobre el modo en que la religión hindú, “en teoría la más abstracta y filosófica del mundo”, es de una practicidad incomparable, pues sus fieles la viven en sus actos y la enseñorean de su carácter, no como la mayoría de los católicos italianos (¿y españoles?), que dicen profesarla sin verdaderamente ‘cumplirla’.

Aquellos días del Kumbh Mela en Allahabad yo tenía reciente la lectura de ‘Un buen partido’, la estupenda novela de Vikram Seth en España editada por Anagrama, donde en un capítulo se relata precisamente la tragedia allí ocurrida a principios de los años 1950 durante una de esas peregrinaciones masivas: el ansia de zambullirse en las aguas del Ganges cuando los astrólogos predicen que es la hora más purificadora provocó una avalancha en la que muchos fueron aplastados y otros se ahogaron al caer en tropel al río, contándose un total de 350 muertos. Por fortuna, los baños rituales de las multitudes fueron ordenados y relativamente pacíficos cuando yo estuve, y tan sólo me extravié en la marea humana que desde el pueblo iba hacia la orilla: cuando quise darme cuenta estaba ya mojándome los pies en el agua. Pero, al margen de que mis pecados quedasen involuntariamente lavados y mi cuerpo adquiriese la inmortalidad en la inmersión, mi experiencia fue gozosa, y en algún momento de un exaltado misticismo laico, si tal cosa es posible.

En Allahabad (antiguamente llamada Prayag) la importancia sagrada de las aguas está muy realzada porque en esta ciudad el Ganges, a tal altura muy extendido (dos kilómetros de una orilla a otra) y fangoso pero de poco fondo, se junta con el más limpio, estrecho y profundo Yamuna, y el curso fluvial se hace escenificación de un antagonismo divino. Y es que el Ganges es la hermana del Yamuna (la Ganga, la Yamuna, recordemos la condición femenina de los ríos hindúes), y en su confluencia algunos textos de las escrituras védicas señalan ciertas rivalidades mitológicas, si bien el papel del Ganges es indiscutido como río de la salvación donde las cenizas de los muertos han de ser sumergidas tras la cremación para quedar aquellos eternamente purificados. Ganga es el río blanco, Yamuna el río negro emparentado con Yama, dios de la muerte, y ambas divinidades fraternas están representadas en la mayor parte de los templos del norte de la India, esculpidas en relieve sobre las jambas de las puertas: Ganga montada en el ‘makara’ o cocodrilo siempre con sus fauces abiertas, que significan la devoración regeneradora del mundo, Yamuna reposando sobre su símbolo cosmogónico, la tortuga.

El Ganges no sólo tiene un amplísimo repertorio iconográfico en el arte clásico indio y mucha literatura, antigua y moderna, paralela a su transcurso; también el cine se ha mirado a menudo en él. ‘El río’ (‘The River’, 1950) de Jean Renoir, es no sólo una de las mejores películas de un extraordinario director, sino el ejemplo de una sincera ‘mirada extranjera’ a la India a través de las aguas del Ganges, verdadero protagonista del film. Relatada por Harriett, una adolescente inglesa que vive la plácida existencia colonial de una familia británica numerosa hasta el momento en que se enamora, Renoir dijo en una ocasión que se trataba de un triángulo amoroso entre la muchacha, el norteamericano mutilado de guerra que llega al pueblo y revoluciona a las chicas, y la India. El país no era entonces un destino turístico, ni existía aún la figura del ‘tour operator’, por lo que el director francés se permite algunas pinceladas de color local un tanto ilustrativas aunque siempre muy esmeradas. Se trataba de su primera película en color, y las tonalidades encendidas de aquel paisaje le permitían ser realista (para Jean, hijo del pintor Auguste Renoir, el blanco y negro cinematográfico era lo irreal) a la vez que espectacular, como en la ceremonia en honor de la diosa Kali que abre la película o, en la parte final, las escenas relacionadas con la fiesta del ‘Holi’, el ‘Indian Holi’, tan divertida de observar desde la seguridad de una ventana alta como molesta si uno va por la calle inadvertido y queda empapado por las aguas tintadas de rojo o verde que los niños (y no sólo ellos) arrojan a los viandantes.

Basada en la novela autobiográfica de la inglesa Rumer Godden, que escribió con Renoir el guión, ‘El río’ (disponible ahora en DVD en una excelente edición del FNAC) no cuenta una sola historia sino que lleva al espectador, al compás de las aguas cambiantes del Ganges, desde la voluptuosidad más gozosa y morosa a la precipitación de la tragedia, del relato dentro del relato (la historia de la niña que casa con el dios Krishna) al apunte impresionista, habiendo confesado el director en sus memorias que hizo la película deliberadamente sin principio ni fin precisos, como si confiara en la benevolencia milenaria de esa corriente fluvial para llegar a un resultado sin embargo elocuente y conmovedor: una escena última que es una metáfora del renacer eterno que el río representa para los hindúes y también una estampa elegíaca del final de los frágiles sueños adolescentes.

Renoir, pese a la temperatura romántica que le impone al relato su joven heroína Harriett (una muchacha sin experiencia previa de actriz que fue elegida en un casting en Calcuta), no pierde el pulso de lo real ni la agudeza del observador que descubre un lugar y una gente al tiempo que los filma. La descripción de las faenas cotidianas nunca incurre en el costumbrismo convencional, y son muy sugerentes los planos de los pescadores “con sus chozas flotantes y sus barcas que parecían igloos”, como dice Harriett en su narración. Ahora bien, el cineasta que a mi juicio ha mostrado el Ganges con mayor veracidad es el bengalí Satyajit Ray, particularmente en la primera mitad de su gran película ‘Aparajito’ (hoy también editada en España, por Divisa, en un ‘pack’ con las tres cintas que constituyen la obra fundamental del director, su trilogía de Apu).

El Ganges de ‘Aparajito’ (aquí titulada ‘El invencible’) es el de Benarés, con sus famosos ‘ghats’ o escalinatas, sus abluciones matinales, sus santos filosóficos y sus bellísimos palacios destartalados. Pero como la intención de Ray no es hacer un documental, sino una fábula dramática, en ‘Aparajito’ no se ve la densidad, a veces agobiante, de las estrechas calles de Benarés, ni el rostro de sus enfermos de lepra, ni la curio-sa fila de ciudadanos defecando todas las mañanas en la orilla con un cierto recato corporal (dada la situación), ni la dispersión de las cenizas mortuorias en las aguas a la hora del crepúsculo. El río fluye en Benarés anchuroso pero con lentitud, y la imagen cotidiana de los cientos de adultos y niños que en él se lavan los dientes y la cabeza carece de dramatismo; en Haridwar, población al norte del estado de Uttar Pradesh y muy cercana al nacimiento del río, éste corre impetuoso, formando corrientes que a veces obligan a los hombres que al amanecer hacen allí sus funciones orgánicas a sujetarse a la orilla por medio de cadenas metálicas.

Las impresionantes secuencias situadas en los ‘ghats’ donde el padre de Apu recita las escrituras a las mujeres y se siente después mortalmente enfermo tienen una luminosidad especial, casi espectral, que resalta la inocente naturalidad del niño, que, aburrido de la elevada función de su padre, juega con su pajarita de papel, se distrae, se aleja por la orilla y queda absorto en los ejercicios gimnásticos de un levantador de pesas. Satyajit Ray escribió todo un libro contando los pormenores del rodaje de la trilogía, y dedica muchas páginas a averiguar el secreto de la belleza de las orillas del Ganges en Benarés, que filmó casi siempre antes de la salida del sol. “Un escenario verdaderamente inspirador”, dice, manifestando a continuación una cierta impotencia expresiva que cualquiera que haya estado en Benarés entenderá muy bien y le agradecerá, por su modestia, al director indio. “No es suficiente decir que los ‘ghats’ son maravillosos o emocionantes o singulares. Uno debería ponerse a analizar las razones de su singularidad, de su impacto. Cuanto más se explora, más se revela”. Las palabras no sirven de mucho para trasmitir lo que el río le da plásticamente la ciudad y lo que ésta añade a las aguas sacras, pero me parece que sólo los cineastas o los fotógrafos son capaces de plasmar las misteriosas formas del Ganges a su paso por Benarés: la luz deslizante, las figuras borrosas pero vivísimas, la monumentalidad displicente, el persuasivo silencio de sus piedras. Todo lo que ‘Aparajito’ capta serena y perspicazmente.

El Ganges es un río con escaleras, y también ellas tienen leyenda, más allá del permanente papel utilitario que desempeñan en la vida de los moradores de su cuenca. En Benarés son majestuosas, pero en innumerables puntos de su recorrido las hay más cortas y de peor piedra: todas poseen una mezcla de domesticidad informal y elegancia sublime. Me parece que hoy no se le lee mucho entre nosotros, pero el escritor, pintor y pedagogo bengalí Rabindranath Tagore, premio Nóbel de literatura no sólo tradu-

usum vuelve a la aldea convertida en una viuda de ocho años

t

pobre y desdeñada por todos,

p

parece compadecerse de ella. El

p

río se vuelve un lugar de somrí

bras inverosímiles, de plantasb

que se agitan con una música

q

de otro mundo, de presencias yd

sonidos fantasmales; es como

s

si los escalones del ‘ghat’ se

s

prestasen a favorecer la devo

p

ción amorosa que la muchacha

c

siente por un joven santón que

s

ha venido a ocupar el templo rih

bereño de Siva y tiene un granb

parecido con el difunto marido

p

de Kusum. Una noche, la ped

queña escalinata que lleva al

q

río une a la pareja en lo alto delrí

parapeto, ve su encuentro sen

p

sual y pudoroso, escucha cómo

s usum le confiesa al santón que le ha visto en sus sueños como

le

“al señor de su corazón”, pero“

no tiene más remedio que notar

n

en las vetas del último escalón

e

cómo el ‘sanyasi’ o asceta des-

c

carga nerviosamente la fuerza

c

Pueblos a las orillas del Ganga.

cido sino difundido al español por otro Nóbel (y su devota esposa), Juan Ramón Jiménez, fue en toda su obra un paisajista de lo maravilloso, y en mi opinión mejor narrador que poeta o dramaturgo. Una de sus piezas magistrales es el cuento ‘Las escaleras del río’, perteneciente al libro de relatos breves ‘Mashi’, en el que la voz narradora es la del propio ‘ghat’ del Ganges en una aldea de Bengala. “Si deseáis oír hablar de los tiempos ya idos, sentaos en este escalón mío y prestad vuestros oídos al murmullo del agua ondulante“. Así empieza el cuento, a lo largo del cual su insólito narrador impersonal describe tanto las incidencias naturales del río como la fantasmagoría amorosa que tiene lugar -en un pequeño templo dedicado al dios Siva-frente a sus escalones de piedra que, sólo en número de cuatro, sobresalen del agua del Ganges. Este minúsculo y humildísimo ‘ghat’ ha visto el nacimiento, los primeros baños y las ofrendas que Kusum hacía a los dioses bajando por sus peldaños desde que era niña, y cuando de sus piernas antes de rechad

zar a la muchacha y renunciar a lo que él también parece sentir por ella. “Voy a irme de este lugar esta noche, para que nunca puedas volver a verme. Has de saber que soy un ‘sanyasi’, y no pertenezco a este mundo. Tienes que olvidarme”. Kusum acepta la despedida, se arrodilla ante el santón, recibe el polvo de sus pies en la frente y se queda sola en el escalón, que termina así su relato, no sin antes oír con sus oídos de piedra un chapoteo en el agua.

En uno de los primeros testimonios escritos sobre el Oriente, ‘Viaje al Gran Mogol, Indostán y Cachemira’, el médico francés François Bernier culmina su obra, publicada por vez primera en 1670, con una descripción del delta del Ganges: “Esa gran cantidad de islas que se hallan en el golfo de Bengala, en la desembocadura del Ganges y algunas de las cuales se unen a las otras por sucesión de tiempo y luego al continente, me hacen recordar las desembocaduras del Nilo, donde he observado que se verifica lo mismo, proporcionalmente.

De suerte que como se dice, según Aristóteles, que el Egipto es obra del Nilo, así podría decirse que Bengala es obra del Ganges”. El río, que a su paso por el centro de Bangladesh ha recibido otras aguas, entre ellas las del Brahmaputra, modifica en efecto y hace colosal o atroz esa zona del oeste de Bengala, una parte del subcontinente en la que casi todo roza el exceso.

Pero aquel viajero que quiera tener una visión del Ganges menos desmesurada y orgánica, más a escala con la mirada del hombre, puede -en otro itinerario que no pasa ni mucho menos cerca del río-verlo fijado en la roca en una de las grandes obras maestras del arte indio de todos los tiempos. El pueblecito de Mamallapuram se halla en la misma bahía de Bengala pero muy al sur, en el estado de Tamil Nadu, a 58 kilómetros de distancia de la capital, Madrás (ahora Chennai). Aquí floreció en el siglo VII una dinastía emprendedora y cultivada, la de los Pallava, y los relieves al aire libre en Mamallapuram, sus cuevas esculpidas y su Templo en la Orilla son las mejores muestras conservadas de este arte ‘pallava’ refinado y efímero. La obra central del conjunto se llama ‘La penitencia de Arjuna’ y reproduce en la piedra episodios -como de costumbre intrincados-del ‘Panchatantra’: reyes con cuerpo de serpiente, demonios belicosos, eremitas en oración, elefantes y ciervos y ratas que cuesta creer inmóviles en su desfile. Y entre esas figuras de un poderoso naturalismo y un deslumbrante vuelo imaginativo, el prescrito descenso del Ganges sobre las trenzas de Siva, con todas las menudencias de la leyenda divina. Esta zona del golfo de Bengala fue la más afectada de la India por el tsunami de la navidad del 2005; hubo víctimas mortales y destrozos, que dañaron el Templo en la Orilla. Sin embargo, el nacimiento del río sagrado permaneció incólume en su filigrana. Le pudo a ese mar que también parecía mandado por unos dioses menos propicios.

Vicente Molina Foix, Premio Nacional de la Literatura, es autor de numerosos libros y vive en Madrid.

Jorge M. Amieva Ferrer

ste es un breve resumen documental fotográfico y narrativo del viaje que realice de enero a finales de febrero 2007 a Nueva Delhi como becario del Ministerio de Educación de la India ITEC /SCAAP para realizar un curso de seis semanas en Diseño Gráfico y Comunicación pero que realmente se convirtió en un parte aguas de mi vida hacia una interpretación diferente de ver y sentir la vida. Las fotografías son una muestra de mi fascinación al descubrir algunos aspectos de la vida común que se ve en las calles de Nueva Delhi, Jaipur y Agra y que en Occidente damos por descontados.

El texto presentado es de las primeras 7 horas al llegar a Delhi y representa el encuentro cultural inicial y que a mi en-tender es similar al salir del útero materno en el nacimiento y encontrarnos en un ambiente, desconocido, luego familiar y que poco a poco se convierte en nuestro, mágico, único y sin el cual resulta imposible existir.

Mi intención en presentar el texto en este espacio es compartir ese momento mágico que antecede al despuntar el contorno del sol detrás de las montañas, al momento en que las aguas del Ganges están por cubrir nuestros ojos en la primera inmersión, o al instante en que se acerca el vaso de masala chai a nuestro rostro pero aún no toca con su aroma nuestro olfato y su vapor nuestros labios con todos aquellos que lo han experimentado, y con to-dos aquellos que no tienen idea lo que llegarán a significar estos cúmulos de instantes mágicos.

El texto completo editado como libro de viaje, que por extensión no se incluye, me fue dictado siempre con una voz suave, melódica y femenina sin que en su momento pudiera entender su contenido hasta la revisión posterior de lo escrito (dicho esto metafóricamente y sin ninguna pretensión de iluminado) y narra el cambio interior que esta vivencia hizo en mi persona en la forma de percibir, sentir y aceptar la vida en general y no solo en pretender entender o entender la vida dentro de la India como un turista maravillado.

Mostrándome al igual creo yo, que a todos los bendecidos que han viajado a través de este organismo inmenso, profundo, complejísimo, vivo, cultísimo, desbordante de alegría y paz y de respeto al derecho del prójimo conocido como la India, a través de experiencias, nuevos caminos para mí, aunque sean muy antiguos y probados.

Salí del pueblo frente al mar donde vivo, rumbo a Barcelona en donde pase la noche en el aeropuerto ya que no hay forma de llegar por la noche desde Arenys de Mar. Casualmente otro viajero estuvo conmigo platicando o eso creo… entre su acento indio y el mío mexicano sobre el inglés que logré poco más que entender que venía de Kerala y que es un estado al sur en la India.

Tomé un avión a Madrid, y de ahí a Ciudad de México de donde partiría a Nueva Delhi. Sí, lo sé. Sería más fácil desde España, pero el disfrute de la beca me obligaba a salir desde México. Llegué a México a media noche y al día siguiente fui a la Embajada India donde recibí mis boletos y las instrucciones. Vía París…esperar 6 horas y llegar a Delhi, dos días después de mi salida de México con más de tres días de viaje al revés y en sentido del tiempo en vuelos transcontinentales, a eso de las 12.30 de la noche hora local. No he dormido nada y la película Krrish en hindi ha sido muy diferente a lo que siempre veo. Primer contacto con Bollywood.

Después de pasar controles en Delhi al salir estoy seguro que alguien del centro de formación de acogida debería estar ahí para recogerme…busco en el pasillo enorme y repleto de gente y no veo a nadie con un cartel y mi nombre…veo un cartel con el nombre del centro, pero la persona me dice que espera a una mujer y que no puede llevarme aunque le explico que yo también voy al mismo lugar. Bueno, en realidad explico a las personas que están a su lado y que le traducen porque no habla inglés… supongo que deberé llegar por mi cuenta. Regreso a cambiar dólares por rupias y consigo un taxi prepagado después de buscar en un mapa la dirección que llevo escrita y que parece muy lejana según los despachadores de taxis. La instrucción es salir y mostrar el papel al abordar el taxi. No soy una persona que se impresione fácilmente con las multitudes después de vivir en la tercer ciudad más poblada del mundo pero salir de la terminal me aturdió un poco. Es la una de la madrugada y parece ser mediodía por el movimiento y el ruido, cientos de personas recibiendo a los seres queridos, familias enteras van a recibir a cada viajero y los abrazos y tanta emoción es similar a la que se experimenta en una despedida.

Se nota mucho la humedad en el aire y la bruma que vi desde el avión se mete dentro de mi junto al frío de la noche, a través de la ventanilla del conductor del taxi después de una hora circulando en las grandes avenidas de Delhi...Otro dato curioso es el olor: aquí todo huele, muy bien, mal o muy diferente, intenso o suave, húmedo o penetrante. Me gusta. Acabo de llegar. Estoy en la India me digo y en occidente nos hemos acostumbrado a olores neutros, desodorantes, ambientadores, aquí recuperé ese sentido.

La música del interior del taxi es ruidosa…diferente, rítmica y oriental….no hay conversación y esto me permite reparar en que el taxi no tiene espejos retrovisores laterales…tampoco tiene lu

ces o son tan bajas que el camino es alumbrado por los otros vehículos que poco a poco comienzan a pasar cada vez más cerca de mi taxi, y que pienso, por la falta de faros, tocan la bocina al pasarnos, también pienso en lo extraño que resulta que a pesar de la independencia de la India a mediados del siglo pasado el tiempo que los ingleses estuvieron en la india dejaron arraigado el uso del volante al lado derecho del auto y el uso de la vía del lado invertido a los países occidentales aun cuando los autos no tenían mucho tiempo de ser usados masivamente.

Después de una hora mi joven cho-do del centro de mi destino. Grito de emoción y le indico al chofer. Volvemos a cruzar y al fin se detiene. Me muestra un papel y me abre la puerta del coche.

Cuando bajo me doy cuenta que todo está quieto y en silencio a dife

encia del sonido del interior del taxi, el edificio está cerrado y no hay forma de entrar y es sólo un anuncio de una oficina, no encuentro un timbre, y el chofer me sigue mostrando el papel. Con señas porque mi inglés no le sirve le explico mi situación y la respuesta

le

fer me pide la dirección nuevamente, hemos preguntado 5 o 6 veces a las escasas personas que hemos encontrado en una avenida muy grande. Comienzo a entender el hindi o eso creo, ya que empiezo a distinguir entre los movimientos de cabeza que dicen sí y los que dicen no. Y que son inversos a los occidentales. Después de 3 o 4 vueltas en círculo entre South Extension Part I y II veo un enorme letrero ilumina-

Foto de Jorge M. Amieva Ferrer

es que el papel se agita con mayor vigor ante mí.

A 50 metros esta una estación de gasolina y una tienda de autoservicio por la que hemos pasado 6 u 8 veces… Arrastrando mi equipaje me dirijo a la luz como un mosquito encandilado, detrás de mi el joven taxista mostrándome el papel.

Sólo hay un guardia con un fusil muy viejo en la estación cerca de las bombas y prefiero entrar a la tienda. Como una película americana del oeste cuando un forastero entra en la cantina del pueblo todos voltean cuando entro arrastrando mis cosas.

Gritando o más bien suplicando pregunto si alguien sabe hablar inglés. Adentro hay 6 u 8 personas tomando café…todos voltean a verme pero regresan a su conversación después de un segundo.

Vuelvo a gritar y del fondo de la tienda sale un tipo enorme….con barba de candado y un aspecto intimidante y me dice…Todos hablamos inglés ¿qué quieres?

El miedo desaparece y parece que escucho campanas celestiales al oír un idioma conocido…En un segundo estoy rodeado por jóvenes que se ríen entre ellos al saber que soy mexicano, que hablo inglés, español y que estoy per-dido. Me explican que ellos trabajan en un restaurante bar de comida mexicana justo enfrente y que están de compras al terminar su turno justo antes de irse a sus casas. Me explican que debo fir-mar al taxista como recibo de llegada a mi destino y les explico mi situación.

Aun con sus compras en la mano salen conmigo y me llevan al frente del edificio. No hay nada que hacer, efectivamente es ahí donde indica la dirección pero no hay nadie adentro, están seguros que hasta la mañana podré averiguar que paso. Llaman al teléfono de contacto pero no contesta nadie, seguramente está dentro de la oficina.

Después de compartir unos cigarros mexicanos me dicen que debo buscar una Guest House. El tipo grandón, que resultó ser el guardia de seguridad del bar, los organiza y con unos simples movimientos de manos empiezan a repartirse mis maletas. Me dicen que suba a la moto y que ellos me llevaran.

¿Llevarme? ¿A dónde? Por un momento surgen 500 dudas en mi cabeza y me digo que si algo malo va a pasarme no será después de viajar tanto…me trepo a la moto y me pongo los 40 kilos de ropa de mi maleta en mis piernas.

Las motos salen rugiendo, bueno por su cilindrada más bien zumbando, y en medio de la noche cruzo nuevamente el Fly Over ahora como pasajero de una moto delgadita y de un conductor que apenas tengo 5 minutos de conocer.

Llegamos al hostal que, sin que yo lo sepa en ese momento sería mi casa 6 semanas, y después de tocar la puerta 5 minutos porque están dormidos dicen que están llenos, otro igual, un tercero donde dicen que está todo cerrado ya y que será mejor espere a mañana.

Regresamos a la estación de gasolina y uno a uno comienzan a despedirse de mí y entre sí y me dicen que no hay más que hacer. De pronto uno me propone dejar mis maletas en el bar ya que no es seguro estar en plena noche con todo mi equipaje y me pregunto si es seguro haber viajado en 4 motos con mi equipaje repartido entre desconocidos, así que digo que sí, está bien, ya estoy en la India, que puede salir mal.

Después de guardar mis maletas me dejan con el encargado de la tienda de la estación de gasolina que me ofrece un pequeño banco donde sentarme dentro del local y me explica que en 15 minutos cerrará la tienda y tendré que esperar afuera donde no puedo fumar por la cercanía de la estación de gasolina. Me regala un café de máquina Nescafé que me tira en la mano al ofrecérmelo. Después de limpiar el piso y darme su recomendación de cacahuates lo menos que puedo hacer es regalarle la botella de vino que guarde de mi cena en el avión porque el no fuma. Aunque más tarde descubrí que tampoco tomaba alcohol. Cuando se la doy me siento halagado ante tantas reverencias pero pronto todo esto termina cuando me dice que le de dos dólares más las 30 rupias de lo que después comprendí son unos garbanzos verdes secos más picantes y condimentados que cualquier chile mexicano.

Con un gesto me indica la puerta y ya afuera coloca el banco bajo una pequeñísima cabina de teléfono público al fondo de la gasolinera. Y me hace el gesto de tu quédate ahí.

El frío de la noche me cae a pleno, bajo un cielo y una neblina azul que jamás olvidaré, estoy esperando el amanecer en una gasolinera en Delhi a 50 pasos del centro de estudios don-de pasaré 6 semanas y ya tengo un montón de tarjetas de presentación de amigos indios, pienso…Al fin estoy en Nueva Delhi... y ahora hasta después de 4 meses que me propongo escribir esta aventura sé que no entendía lo que esto significará en mi vida.

Jorge M. Amieva Ferrer es actualmente becario del Gobierno de España.

ORÁCULOS DE KERALA

Dr. Vijayakumaran C.P.V.

Theyyam o Theyyaattam es un arte escénico ritual de adoración del héroe realizado en Kolathunaad, un territorio que abarca el actual distrito de Kannur, Kasargod y Badagara Taluk del estado de Kerala. Es a la vez un ritual y una forma de danza popular apoyada por un vasto repertorio de canciones populares. La palabra “Theyyam” es una corrupción lingüística de la palabra “Daivam” (dios) y de “Aattam” (danza). Así pues, “Theyyaattam” significa “la danza del dios”.

Como resultado de la colonización Aria (según la documentación existente, los Arios habrían emigrado desde el norte hasta el sur de la India) de Thuluvaa y de Kolathunaad, la religión de Brahmánica se arraigó profunda-mente en este territorio. Generalmente se considera a los indios del sur como Dravidianos, y a los del norte como Arios. Los estudios sociológicos revelan que los Brahmines del sur de la India, también conocidos como “Nambooitiris” son de origen ario y solían disfrutar del mismo estatus social que los Pandits (maestros) del norte de la India, ambos grupos eran considerados la casta superior en las dos regiones.

SANCTASANCTÓRUM DEL THEYYAM:

El Theyyam y los poojas u ofrendas asociados se realizan tradicionalmente en lugares sagrados, sobre todo en los templos dedicados a diosas (Kavus). Lo más habitual es utilizar altares provisionales como `Palliyaras’, ya que la ceremonia suele tener lugar al aire libre o tomar forma de “Tarvad”, ofrendas en casas particulares. Cuando las capillas están listas para los theyyams, el lugar se considera sagrado y nadie, excepto el “antitiriyan” o la mano derecha del dios puede realizar las ofrendas en el interior.

Los devotos consideran estos templos temporales como lugares purificados y se descalzan para entrar en ellos, de la misma forma que lo hacen en el resto de los templos. Esta forma de arte ritual era una parte integral de la forma de vida de la gente de Malabar, basada en el ritual y profundamente pía.

Una particularidad llamativa del sistema de Theyyam es que no hay templos dedicados para la adoración a lo largo de todo el año. En la selva, dispersas en las aldeas, en chozas de madera o cubiertas con paja, una piedra solitaria o una espada, permanecen como restos simbólicos de la presencia divina, que no requiere los rituales elaborados de un templo o las ofrendas regulares del devoto.)

INTÉRPRETES O KOLAMS

La persona que interpreta a la deidad se conoce normalmente como “Kolam”. Cada casta ostenta el derecho de interpretar una determinada deidad. Deben conocer el rito y la personalidad de cada deidad. Los intérpretes de Theyyam son siempre hombres, y deberían dominar el arte de confeccionar las vestimentas y los tocados correspondientes a cada dei-

Vettakkorumakan Theyyam.

dad, la forma de aplicar el maquillaje facial y corporal con distintos diseños y estilos, saber cantar y tocar percusión y por supuesto, conocer las historias de cada dios.

En Kolathunaad, normalmente interpretan Theyyam la comunidad Velan, la Malayan y la Vannan.

VESTIMENTA

La vestimenta del Theyyam se confecciona con cáscara de coco, cortada y pintada con dibujos en blanco, rojo y negro. Las hojas frescas de cocotero dan forma a las faldas, con cáscaras de coco atadas con una tela roja se simulan los pechos, e incluso se hacen vestidos tejidos con hojas de cocotero.

Algunos Theyyams o Bhagavatis llevan una diadema de plata con pequeñas cabezas de serpiente coronadas con flores rojas.

  • VARACHUKKEVAL: La selección del intérprete (kolakkaram).

  • NOTTIRIKKAL: El intérprete y los dirigentes del templo realizan penitencia durante un máximo de 21 días, dependiendo de la importancia del Theyyam.

  • THOTTAM: Son los himnos dedicados a los dioses que se entonan para propiciar e invocar la divinidad. Dependiendo de la divinidad invocada se entonan distintos Thottams.

Los Thottams constan de diferentes partes, la parte inicial se conoce origen y la ruta de llegada al templo de la deidad.

Cuando se trata de dioses guerreros

o más activos, conocidos como Vellattam, se incorpora una danza ritual más enérgica que incluye artes mar

ciales.

LA TRANSMUTACIÓN

El Theyyam se considera como la encarnación de Dios, no la representación de un dios en el escenario o un oráculo a través del que Dios habla, si no como el propio Dios. En ocasiones, en algunas familias, se considera que un ancestro de especiales cualidades ha trascendido la muerte y se ha convertido en un Theyyam, una encarnación de un dios; la familia entonces

Muchilot Bhagavati Theyyam (la mujer deidad)

MITOS Y LEYENDAS SOBRE SREE MUTHAPPAN

Aunque Sree Muthappan es un único dios, representa dos figuras divinas: Vishnu (con la corona en forma de pez) y Shiva (con la corona en forma de luna). El Theyyam de Sree Muthappan se representa dos veces al año, mientras que el resto son estacionales (desde octubre hasta julio).

ORIGEN DE LA LEYENDA

Ayyankara Illath Vazhunnavar y su esposa Padikutty Antharjanam eran devotos del dios Shiva (uno de los dioses principales que conforman la “trinidad” hindú). Como no tenían descendencia rezaron a Shiva con gran fervor. Un día Antharjanam encontró un niño en el campo y lo recogió y crió como su hijo. A medida que el niño crecía, parecía no mostrar las cualidades correspondientes a un Brahmín (casta india superior), ya que comía pescado y bebía alcohol. La preocupación de los padres aumentaba y decidieron echarlo de casa.

Fue entonces cuando el niño: Muthappan, mostró su divinidad. Mientras intentaba robar toddy (alcohol de coco) fue descubierto y el dueño intentó matarlo con una lanza y entonces Muthappan se “evaporó”.

Desde entonces se le hacen ofrendas de coco, legumbres, pescado y toddy. A Sree Muthappan se le representa acompañado de su perro y del dueño del toddy y se le venera en el templo a lo largo de todo el año.

Hay muchísimos Theyyams diferentes: de forma humana como el héroe Kativanur Veeran o Mandappan, la heroína Kadavankot Makkam, el Karanavar o Theyyam de los ancestros, encarnaciones de diferentes dioses como Vishnumurti, Kali o Shiva y también de animales como Hanuman, el dios mono o Nagam, la serpiente. Los héroes representados en el Ramayana (épica hindú) también forman parte del panteón de los Theyyam.

Los Theyyam se celebran en ocasiones en Kolathunad, con todas las bendiciones del cielo. Son una oportunidad para unir a los vecinos y evadir sus mentes de la cotidianidad.

Las interpretaciones rituales, los templos temporales, el arte y el teatro, las costumbres de la comunidad son las contribuciones de la sabiduría popular. Algunas artes clásicas como el Kathakali tienen una gran deuda con estas tradiciones. Las tradiciones permanecen en el tiempo, el Dios del hombre común se reencarnará con cada llamada que de él reciba.

Dr. Vijayakumaran C.P.V. es Profesor de Hindi, Centro de Estudios de Asia, Universidad de Valladolid.

Muchilot Bhagavati Theyyam (la mujer deidad)

SENTIMIENTOS

Horacio Aníbal Rodríguez

Creo que amé a la India desde mis cinco años de vida, cuando dos técnicos ferroviarios indios me hablaron de su país, al que adoraban con nostalgia y le daban a sus narraciones el amor que sentían por él; eso fue allá por 1940; India se encontraba aún bajo el dominio inglés; estaba yo en mi pueblo natal Piedritas, Provincia de Buenos Aires, República Argentina, a miles de kilómetros de la patria de Gandhi.

Comencé a sentir a aquel lejano país como el mío propio, y el deseo de conocerlo se fue haciendo carne en mí. A medida que yo iba creciendo aumentaba mis conocimientos sobre la India; la distancia que nos separaba hacía que nos sumergiéramos en la ignorancia, y no hablo por mi persona, sino lo hago tomándome el atrevimiento de reconocer que occidente opacó en mucho lo que encerraba la milenaria India; sus más grandes logros nos llegaron tergiversados, atribuyéndolos a quienes los usaron como propios, léase la invención del 0,el ajedrez, el juego de polo en sus comienzos rudimentarios que los ingleses perfeccionaron y reglamentaron, en fin, serían largos de enumerar.

Nuestros indígenas, mal llamados indios, se lo debemos al descubridor de América, Cristóbal Colón, que en 1492 creyó haber llegado a las indias, paradójicamente continuamos en el acerbo popular llamando indios a nuestros primitivos habitantes.

India era el imán para los navegantes, y en lo que a occidente se refiere, se destacaron los portugueses, luego los ingleses en busca de la pimienta, porque sus proveedores habituales le habían aumentado el precio en medio penique, y ante el deslumbramiento de lo que les presentó la India formaron primero la Compañía Inglesa de las Indias, adquirieron tierras, el primero que les permitió su compra fue Auranzeb, emperador de la India Mogol, luego, poco a poco fueron posesionándose de toda la India.

La India recibió todo tipo de invasores, desde Carlomagno -luego de vencer a Darío-, hasta griegos, mogoles, portugueses, franceses, e ingleses. Con la invasión griega, 300 años antes de Cristo, los indios comenzaron a construir fastuosos templos; la influencia griega fue tan no-toria que cuando el budismo corporizó a Buda, su primera imagen fue griega.

La patria de Gandhi fue un país que jamás pensó en expansión territorial, que hizo suya la doctrina de Mahatma –la no violencia-, y si en algún momento se llegó a ella fue por el mal manejo inglés con la participación territorial en el momento de entregar el país –caso Pakistán-.

India es espacio de sonidos únicos; los grandes silencios que reinan en sus montañas de nieve, los estrepitosos tumultos humanos que inundan las calles de las ciudades. Desde el graznido del cuervo, mensajero de Yrma, el señor de la muerte y del melancólico caracol marino con que los brahamanes llaman a sus dioses. India es, en suma, el compendio vivo de una antiquísima civilización, cuyos primeros vestigios, vienen de 4000 años a.C., la civilización del Indo que luego se perdió. A esa India llegué yo cincuenta y ocho años después de que se me presentase en las maravillosas narraciones de los hindúes de mi infancia, ellos practicaban el hinduismo.

Y como si fuera una premonición arribé a la tierra de Gandhi el día de su cumpleaños; los fuegos artificiales y el recogimiento de sus seguidores iluminaron mi llegada y prepararon mi espíritu para vivirla plenamente. Habían sido muchos los años esperando ese momento; todo afloraba en mi: admiración, veneración, asombro; los sentimientos se entremezclaban produciéndome una enajenación jamás experimentada; quería, en un instante, absorber lo que había imaginado durante años; no lo soñaba, había hecho mi entrada a la India por la puerta grande, ahora debía prepararme para todo lo que vendría.

Cuando el I.C.C.R., Consejo Indio para las Relaciones Culturales, me invitó a visitar la India, me preguntaron que desearía ver, lo primero: sus templos milenarios cuna de su cultura; así que fui al Panteón de los Dioses Indios, El Templo Rupestre de la Isla Elefanta, en él se encuentran to-dos los dioses reunidos, cuyo misterio y belleza trataré de evocar, es un resumen de la religión india; en ella no existe una regla fija, sus adeptos realizan prácticas y tienen creencias enormemente discrepantes, pero no por ello se consideran entre sí herejes u heterodoxos unos a otros, como pasa dentro del cristianismo, cuando la más leve diferencia dogmática se interpone entre los creyentes. Ello es debido a las creencias religiosas de la India, conocidas corrientemente por el Brahamanismo o mejor, el Hinduismo, son productos de una evolución, LENTA EVOLUCION POPULAR, sin control por parte de alguna autoridad religiosa. La Trinidad India está compuesta por los tres dioses: BRAHMA el creador de todas las cosas: VISNU, preservador de la vida y SIVA, el destructor, Dios de la Muerte, éstos últimos subordinados a BRAHMA.

Elefanta es el templo de SIVA, recordemos la narración que hace el LINGA PURANA, libro religioso indio, de una disputa que estalló entre VISNU y BRAHMA, acerca de sus derechos de preeminencia. Para acabar con la discrepancia apareció SIVA, en medio del mar en forma de un falo llameante, VISNU transformado en Jabalí se propuso enseguida llegar a la base de la columna de fuego; BRAHMA, bajo la apariencia de un cisne blanco, emprendió vuelo, rápido como el pensamiento, pero no pudo remontarse por encima del gigante falo, entonces sintiéndose vencidos adoraron a SIVA, el SER SUPREMO.

Cuando no había ni tinieblas, ni día ni noche ya SIVA existía solo. Tal es la esencia absoluta, la entidad divina del SEÑOR. Es la primera causa no causada, el que todo lo penetra, el creador, el guardián y salvador del mundo. El principio y el fin de toda religión y de toda filosofía: es el SEÑOR DE LOS SEÑORES, MAHESVARA, el DIOS de los DIOSES, el SER SIN IGUAL.

Fue para mi necesario y elocuente adentrarme en los dioses indios, ello me permitió comprender lo que se presentaba ante mi vista mientras iba ascendiendo la Isla Elefanta; el tallado de los dioses en la piedra realizado con una belleza sin igual y en donde el recogimiento es algo envolvente, es como si de pronto uno se sintiera etéreo, aislado del resto del mundo y lo que a uno lo vuelve a la realidad es el chillido de los monos que pueblan la isla y que son, LOS GUARDIANES DEL TEMPLO.

Horacio Aníbal Rodríguez es un conocido pintor de Buenos Aires. Su obra abarca también temas de la cultura de la India.

NUESTRO PRADESH:

MAHARASHTRA

VIAJAR POR LA INDIA CON

Redacción

Maharashtra, la tierra de los carismáticos Marathas, despliega una leyenda de tradición y cultura variada, manteniéndose a la par con la modernidad. Su historia comenzó a registrarse con el

HOLA NAMASTE

surgimiento de la lengua marathi, una adaptación popular del sánscrito. Como se deduce de los hallazgos arqueológicos, Maharashtra estuvo habitada desde el Paleolítico. El nombre de Maharashtra

deriva de rathi o «auriga» y tiene relación con la ocupación de los habitantes que la poblaron y que formaron el núcleo de lo que se conoce como pueblo marathi. El viajero chino Hiun Tsang estuvo en

Foto de Sebastián Romero.

Maharashtra entre el 640 y el 641 y quedó muy impresionado por la prosperidad del país, la eficiencia de su administración y el carácter de sus gentes. Llamó al lugar Mo-ho-lo-cha (Moholesh) y fue quizá la primera persona que describió la región y su gente.

Dice: «Las tierra es rica y fértil, se cultiva regularmente y es muy productiva. A los hombres de allí les gusta aprender y leer libros tanto ortodoxos como heterodoxos. La gente tiene una disposición honesta y sencilla; son altos en estatura y tienen un carácter recio y vindicativo. Son agradecidos con sus benefactores e implacables con sus enemigos. Si se les insulta son capaces de arriesgar la vida para vengarse. Si se les pide que ayuden a quien lo necesita, se olvidarán de su propio riesgo y se apresurarán a prestar socorro.»

Maharashtra tiene un pasado de valentía, que todavía enaltece el aura enigmática del estado. La historia de Maharashtra puede clasificarse en cinco periodos: pre-medieval, dominio islámico, surgimiento de los Marathas, dominio de los Peshwas y dominio británico.

HISTORIA PRE-MEDIEVAL

No hay mucha información asequible sobre la historia antigua de Maharashtra. Diversas dinastías dominaron el lugar, aunque todavía quedan evidencias por desenterrar. Vidarbha, la zona oriental de Maharashtra, estuvo en poder de los Vakatakas (250-525 a.C.), bajo cuyo patronazgo florecieron el arte y la religión y se desarrolló la tecnología. En el siglo VI Maharashtra cayó bajo el dominio de los Chalukyas. Más tarde, los Rashtrakutas extendieron su reino por la mayor parte de la India peninsular. Así Maharashtra sufrió las turbulencias de guerras continuas y conquistas de diversas dinastías hasta que Ashoka, el rey budista, llegó al trono y consolidó sus desintegrados territorios. Maharashtra se convirtió en el centro del comercio indio durante el, reinado de Ashoka y éste prosperó incluso en el extranjero.

DOMINIO ISLÁMICO

En un principio Maharashtra quedó libre de influjos musulmanes. Sin embargo, cuando Ala-ud-din Khalji invadió zonas del Deccan, el influjo musulmán se hizo notar. Can la caída de la dinastía Tughlaq, el sultanato Bahamani se apoderó del reino, iniciando 150 años de dominio islámico. Hasta el siglo XV Maharashtra estuvo dividida en muchos estados islámicos autónomos bajo el control del Emperador Mogol de Delhi.

SURGIMIENTO DE LOS MARATHAS

Según indica la historia, hasta el siglo XV Maharashtra presenció el surgimiento y caída de diferentes dinastías. El siglo XVII se inició con el predominio de los Marathas bajo el liderazgo de Shivaji Bhosle. Fue coronado en 1674 tras haberles ganado una batalla a los musulmanes. El Imperio Maratha llegó a su culmen durante el reinado de Shivaji, quien integró casi todo el Deccan e incluso se anexionó diversas partes de la India central y del moderno Pakistán. Tras vencer a los mogoles en 1707, los Marathas se convirtieron en una fuerza determinante en la política india. En 1712 Bajirai I subió al trono. Creó el puesto de Peshwa o Primer ministro. Sin embargo, Bajirao no fue capaz de controlar la administración y los Marathas sufrieron una derrota en la tercera batalla de Panipat a manos del jeque afgano Ahmed Shah Abdali. Consecuentemente, los Marathas perdieron territorios y se vieron reducidos a un estado provincial.

LOS PESHWAS

Con la introducción del cargo de Peshwa, surgió el concepto de la separación del poder, en el que el rey no era la única autoridad. La historia de Maharashtra demuestra el hecho de que los Peshwas supervisaban la mayor parte de las tareas administrativas. Balaji Bishwanath y Bajirao fueron los Peshwas más destacados. Fue durante su gobierno cuando Maharashtra quedó en poder del gobierno británico.

Después de que la India se librara del dominio británico el escenario político de Maharashtra sufrió diversos cambios. Se le anexionaron varios estados y los pequeños reinos se consolidaron en la Maharashtra actual. En 1960, por el Acta de Reorganización de Bombay, se reconoció la separación legal de Maharashtra y Gujarat, y el estado de Maharashtra pasó a tener su capital en Bombay. La era posterior a la independencia ha generado políticas económicas y sociales impulsadas por el gobierno para el beneficio del estado.

ECONOMÍA

Varias políticas económicas acertadas emprendidas durante los años setenta han convertido a Maharashtra en el principal estado industrial de la India. Sin embargo, hay regiones en el interior de Maharashtra que muestran amplia disparidad en su desarrollo. Aparte de Mum-bay, Pune y Maharashtra occidental son las zonas más avanzadas. Estas áreas controlan la política y la burocracia del estado, lo que ha provocado un resentimiento en las regiones más atrasadas como Vidarbha, Marathwada y Konkan.

Hubo un movimiento en Vidarbha para separarse de Maharashtra y convertirse en un estado separado, debido a la falta de desarrollo y a ese sentido de injusticia. El producto estatal bruto de Maharashtra en 2006 será aproximadamente de 120 billones de dólares, según los precios actuales. Maharashtra es el segundo estado más urbanizado y su población urbana alcanza el 42%.

Maharashtra es el principal estado industrial y contribuye en un 13% a la producción industrial del país. El 64,14% de sus habitantes se dedican a la agricultura y a oficios relacionados con ella. Casi el 46% del producto estatal bruto surge de la industria. Las principales industrias de Maharashtra incluyen la química, de maquinaria eléctrica y no eléctrica, textil, petrolífera y de productos derivados. Otras industrias importantes son las de metal, vino, joyería, productos farmacéuticos, productos de ingeniería, maquinaria, fundiciones de hierro y acero y plásticos.

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Las cosechas incluyen mangos, uvas, plátanos, naranjas, trigo, arroz, jowar, bajra y legumbres. Se cultivan cacahuetes, algodón, caña de azúcar, cúrcuma y tabaco. El área de regadío comprende

33.500 kilómetros cuadrados.

Mumbay, la capital de Maharashtra, alberga las sedes de los principales ban-cos, instituciones financieras, aseguradoras y mutualidades de la India.

La Bolsa de Bombay, la más grande de la India y la más antigua de Asia, está emplazada en dicha ciudad. Inspirada por los éxitos en la tecnología de la información que se han alcanzado en estados vecinos, Maharashtra ha instalado centros de software en Pune, Mumbai, Navi Mumbai, Aurangabad, Nagpur y Nasik. Ahora Maharashtra es la segunda exportadora de software, con exportaciones anuales por valor de 180.000.000 de rupias (el 20% de las exportaciones de software de la India).

Maharashtra es el primer estado del país en producción de electricidad basada en el carbón así como en producción de electricidad mediante el uso de energía nuclear, con una proporción nacional del 13% y del 17% respectivamente.

Maharashtra está iniciando también el cultivo de jatropha y ha iniciado un proyecto para la identificación de lugares adecuados para las plantaciones ee jatropha.

Ralegaon Siddhi es un pueblo del distrito de Ahmednagar que ha sido considerado un modelo de conservación del medio ambiente.

LA RICA CULTURA DE MAHARASHTRA

Música popular: Maharashtra, como otros estados de