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Hindu: Nacionalismo religioso y
Historia de la India política en la India Metcalf, Barbara; Metcalf, Thomas
contemporánea.
Cambridge University Press-Akal Borreguero, Eva -La Catarata
Esta historia pone en duda las ideas sobre una India inmutable y monolítica marcada por la tra-Eva Borreguero analiza los numerosos ele
dición y las jerarquías religiosas. En vez de eso,
mentos de complejidad que afectan a la
muestra una sociedad compleja en continua
construcción nacional india y los principales
transformación y que se reinventa a sí misma
símbolos que definen a la nación hindú
como consecuencia de sus cambios tecnológi
moderna.
cos y sociopolíticos.
La bailarina de la escudilla El legado de la pérdida mágica (Manimekhalai)
Desai, Kiran -La Salamandra
Shattan, Principe -J. J. Olañeta & El legado de la pérdida ha merecido el Pre-
Indica Books
mio Man Booker 2006, convirtiendo a Desai
Novela tamil del siglo II d.C. narra los amores
en la ganadora más joven de la historia de
del joven Kóvalan con la cortesana Mádhavl.
este prestigioso galardón literario, el más
Repleta de leyendas deslumbradoras, de
importante de los que se conceden en el
datos sobre el paisaje, la música y las costum-
Reino Unido.
bres de la época, ritos religiosos y doctrinas filosóficas, es uno de los más extraordinarios logros literarios de la India clásica.
Japji: Poemario espiritual
Guru Nanak -J. J. Olañeta & Indica Books Nacido en el siglo XV, Guru Nanak es el fun dador del sikhismo, religión que sintetiza aspectos del hinduismo, y el sufismo. Este
texto forma parte de los textos sagrados de los Sikhs, el Siri Guru Granth Sahib, traduci do al español por el Dr. S. Dey.
India. Historia del pensamiento
Mosterín, Jesús Alianza Editorial Tres mil años de historia de esta gran potencia espiritual, que van desde la civilización de Harappa hasta el final del Imperio Mogol. El pensamiento clásico, desde las Upanishad hasta el Advaita Vedanta, pasando por importantes corrientes como el budismo, el jainismo, y sus contribuciones a la matemática y la lingüística.
DONDE LA MENTE ESTÉ LIBRE DE MIEDO
Rabindranath Tagore
Donde la mente esté libre de miedo y la cabeza permanezca alta; Donde el conocimiento no tenga ataduras; Donde el mundo no se haya roto en añicos Por las estrechas paredes de los hogares; Donde las palabras provengan de lo profundo de la verdad; Donde el esfuerzo incansable extienda sus brazos a la perfección; Donde la transparente corriente de la razón no pierda su cauce Por las arenas tristes del desierto de costumbre muerta; Donde Tú seas el Guía que conduce la mente, Al horizonte abierto de pensamiento y acción, En ese cielo de libertad, Padre, deja a mi patria despertar.
Del Gitanjali,“Ofrenda Lírica” Traducido por Redacción
Logré morir con los ojos abiertos guardando en ellos tus claras montañas
- aire de vida me fue el de sus puertos -, que hacen al sol tus eternas entrañas ¡mi España de ensueño!
Miguel de Unamuno
SHIVA JUEGA AL TETRIS
José Ramón Huidobro
Una moto con una familia entera Pongamos cinco miembros La mujer sentada de perfil
Un camión repleto de fardos Los miembros de la cuadrilla El chófer sonriendo a la ciudad Una chica con sari en bicicleta Pashmina al viento Cadena oxidada y cestillo para pasear Un autorickshaw con cristales ahumados Ocho ojos asomados entre la mercancía encajados a la perfección Una vaca sagrada rumiando tranquilidad En el cruce donde un guardia y un semáforo hacen coreografía de ballet Un autocar desamortiguado Uniforme caqui del estado picando boletos obsoletos Sinfonía de bocinas de latón y un peatón al que se le cae un libro Se lanza al vacío lo recupera besa y ofrece al cielo Es lo que había entre estas dos aceras Shiva hizo otra pantalla de tetris Y el juego volvió a empezar
CITAS
Si hubiera que escoger entre la cobardía y la violencia yo aconsejaría la violencia. Yo me lanzaría mil veces a emplear la violencia antes que permitir la castración de toda una raza.
Yo cultivo el coraje de morir sin matar. Pero deseo que quien no tenga ese coraje cultive el arte de matar y dejarse matar antes que huir vergonzosamente del peligro.
Mahatma Gandhi
Aunque supiera que el mundo se fuera a acabar mañana, hoy plantaría mi manzano.
Martín Luther King
BHARATA: EL EJEMPLO DE
Marifé Santiago Bolaños
obre la reflexión de lo que significó la “crisis de identidad” que padece Europa
desde el Romanticismo, hasta la constatación social de tal crisis tras las dos Guerras Mundiales, se constituyó lo que fue mi intervención en El Escorial, dentro de los cursos de verano de la Universidad Complutense. Quisimos dar cuenta de lo que implica preguntarse por el ser de la realidad, sobre todo cuando una sociedad suspende el discurrir de su trayectoria y tiene necesidad de hacerse tal pregunta. En ese camino, los creadores primero, los intelectuales y científicos después, intentan “encontrar” una respuesta que permita continuar ese sueño democrático de libertad que se llamó “Europa”; y, en tal sentido, los mitos que recogen el imaginario occidental entran en diálogo con Oriente.
Como la perspectiva de esta conferencia procedía de la “mirada teatral”, Dionysos y Bharata, los respectivos dioses del Teatro, de la creatividad en general, en Occidente y en India, se convirtieron en los maestros de esta ceremonia. A partir de ambas miradas, se explicitó la influencia que la Filosofía india y el trabajo de los artistas indios han tenido sobre la obra de algunos de los más influyentes creadores y teóricos del Teatro occidental en el siglo XX, como es el caso de Gordon Craig, Grotowski, Barba o Peter Brook. Pero, fundamentalmente, intentamos dar cuenta de lo que supone “pensar con el cuerpo” en un tiempo, el nuestro, en el que la diversidad de actitudes, tradiciones, espacios y futuros, no tiene por qué ser fuente de conflictos, sino el inicio de una nueva manera de convivir los seres humanos, donde la peculiaridad que nos hace únicos sea, también, el germen de un porvenir pacífico y plural. La constata
ción práctica de todo este desarrollo argumental se concretó con el ejemplo de la obra de María Pagés, bailaora española que en su espectáculo “Sevilla” permite, de un modo absolutamente natural, ese “diálogo” entre Dionysos y Bharata. El fragmento dedicado a su obra es el que reproducimos a continuación, señalando que parte de la intervención en tales jornadas procedía, como allí se anunció, de mi libro Mirar al dios: el Teatro como camino de conocimiento (Madrid, Biblioteca Nueva,
Como mejor testimonio de este
alquimista poético. María Pagés, con esa conciencia suprarracional que posibilita el Arte, trasciende lo inmediato, la apariencia, lo evidente que responde a una intención y despierta, para los espectadores receptivos, a esas humanas deidades que demuestran la insensatez de establecer barreras en la Belleza, entregando un fecundo tejido en el que la simbólica diosa de la vida muestra su esplendor sobre la escena. María Pagés recupera, acaso sin saberlo, ese teatro que es sagrado porque no hay en él más que humanidad, y da, entonces, al Flamenco la voz de su pasado indio añadiéndole todas las etapas metafísicas que un espíritu nómada requiere.
Si la gran Pavlova había previsto una gira, entre 1931 y 1932, con el ya mítico bailarín de Flamenco Vicente Escudero, María Pagés bailará, antes de concluir 2007, con Barishnikov en los Estados Unidos: no hay, como vemos, fronteras para la Belleza. Y si Vicente Escudero, tras coincidir, entre finales de 1932 y principios de 1933, con Uday Shankar, el padre de la danza moderna india, empieza a explorar las raíces indias del Flamenco, la intuición y el rigor tanto intelectual como creativo de María Pagés, que la llevarán a la India a María Pagés forma parte de un estudio todavía en proceso de elaboración.
Publicamos, pues, ahora, el final de la intervención general y la parte específica dedicada a María Pagés, quien nos honró con su presencia en el debate que, durante una de las jornadas, se dedicó a las influencias de la India sobre el Flamenco. Mantenemos el texto exactamente igual que fue leído en aquella ocasión:
Hay una mujer española, aclamada dentro y fuera de su país, que escribiendo con la grafía de la danza el diálogo entre Dionysos y Bharata ofrece, mejor que todo discurso, el encuentro posible entre la razón y la poesía, concibiendo, sobre la escena, el nacimiento de un mundo de alianzas en el que las palabras sobrepasan el entendimiento idiomático y llegan hasta lo más hondo del pensamiento que mana del corazón. Nos referimos a María Pagés y querríamos concluir nuestra intervención tomando como ejemplo y conclusión primera su espectáculo Sevilla, planteado, en la superficie, como un homenaje a la ciudad de su nacimiento pero, sin duda alguna, trasmejores teatros del mundo, reserva una de sus jornadas, cuando la zona lo requiere, para ofrecer su trabajo y la preparación de su trabajo a mujeres, a niñas que no podrían acceder a las grandes salas porque ni su economía ni su formación le dan la llave. No lo cuenta María Pagés normal-mente, pero me parece importante destacarlo porque en esa actitud de entrega, el Arte se muestra como lo que verdaderamente es: una fuente de libertad, el reino de las posibilidades infinitas. Todo ello, construido estéticamente, está en su Sevilla.
SEVILLA, DE MARÍA PAGÉS
El 27 de diciembre de 2006 María Pagés estrenaba Sevilla en la ciudad donde nació y que da nombre al espectáculo. En mayo del mismo año había tenido lugar el estreno mundial en Tokio. Sevilla recoge la trayectoria de esta mujer de una ortodoxia artística, paradójicamente, ecléctica, que rompe las normas de la danza flamenca para llegar al mismo centro de su origen y actualizarlo, trayéndolo al más absoluto presente. Y eso significa viajar a la India y hacer que la cultura del río Ganges y la del río Guadalquivir dialoguen en un escenario convertido en puente, en templo y en retorta de principios del año próximo, han permitido que Sevilla marque, sin duda, un antes y un después en su trayectoria artística porque nunca se ha dado, en su obra, un diálogo tan fluido con Oriente como en este su, hasta el momento, último espectáculo.
En su autobiografía, Mi baile, escribe Escudero lo siguiente, tal y como nos refiere Guillermo Rodríguez en su artículo “Vicente Escudero: el encuentro del flamenco con la India”: Está demostrado que los gitanos provienen del Indostán, como es sabido, y no de Egipto como erróneamente se ha venido diciendo. […] En el Indostán, como es sabido, existe una gran cantidad de lenguas y razas diferentes, que en la antigüedad estaban constituidas en tribus. Una de ellas fue la gitana, pero por no aceptar las leyes que sus vecinos querían imponerles, les declararon la guerra y tuvieron que huir, iniciando su éxodo a través de Europa.
Convencido de que lo que llama-mos baile flamenco no es sino la forma de expresión que tomaron los bailes gitanos en España, y tratando de descubrir las analogías que pudieran tener con las manifestaciones coreográficas gitanas en otros países, he recorrido en sentido inverso la misma ruta que siguió este pueblo, hace cinco siglos, a través de Europa. En todas partes donde viven gitanos he podido encontrar en sus cantos y bailes vestigios de una misma influencia. (1) Como en el caso de María Pagés la expresión de los brazos y de la mirada fueron características del peculiar estilo de Vicente Escudero. En el caso de Pagés, no sabemos si se trata, como en el del bailaor, de un modo intencionado de diálogo con la esencia de algunas de las danzas tradicionales de la India, pero el resultado vuelve a ser ese diálogo entre la raíz occidental y la oriental, que resultan estar mucho más próximas de lo que podríamos suponer.
La mirada, desde luego, es básica en Sevilla, donde la artista comienza su espectáculo girando como los místicos sufíes seguidores de Rumi, los derviches, pero también como una devadasi,o mujer consagrada al templo en la India, heredera de la diosa Shakti. En ese inicio de Sevilla, María Pagés “crea el mundo” desde la danza, como se atribuye el origen del cosmos, desde la danza, a Shiva.
Shiva, la deidad de los muchos brazos, de las muchas posibilidades, por lo tanto.
Esta relación con el acontecimiento originario desde la danza, en una obra dedicada a la ciudad de su nacimiento, empieza a desarrollarse en Sevilla como si la aparición de la luz permitiera la aparición de todo lo demás: ha aparecido el “ver”, como decíamos esta mañana al referirnos al mito de Fanes como origen del nacimiento de Zagreo, el primer Dionysos. No en vano, también, los griegos decían del arte de la Danza que nació con el mundo, y que era contemporánea del Amor más antiguo. E, igualmente, los griegos señalaban que no hay posibilidad de ceremonia sin contar con el arte del cuerpo por excelencia. De todas estas ceremonias, posiblemente las más extremas, en cuando a la Danza se refieren, fueron las dedicadas a Dionysos o Baco, donde las bacantes
o ménades dejaban que su cuerpo danzara “más allá del control de la razón”, verdadera danza de las futuras brujas, en un éxtasis o comunión con el dios. Danza menádica, esta de María Pagés en Sevilla, que llega a uno de sus momentos álgidos en el encuentro que la sacerdotisa, Pagés, tiene con la diosa madre, manifestada como la Macarena de Sevilla, que, en la escenografía, es más conceptual que mimética. Si decían los antiguos griegos que la danza debe expresar con claridad lo oscuro, la fuerza de ese momento en Sevilla excede lo explicable: como si ese viaje tan histórico como legendario se repitiera sobre la escena, la India, el mundo árabe, los míticos tartesios, el mundo hebreo, el mundo bizantino, el Mediterráneo que inventó la democracia, la filosofía y la ciudad, se sintetizan en ese rapto hipnótico de la mujer hablando con la diosa, desde una gestualidad cuya precisión en el código provoca la expresiva libertad a la que nos referíamos esta mañana cuando hablábamos de Gordon Craig y la influencia de la marioneta hindú en su dramaturgia.
Pero también hay un abismo, la altura de la Giralda, y la lucha entre la voluntad y los demonios, entre los instintos y la racionalidad que nos humaniza, tal y como se muestra en el Mahabharatao en La Odisea, por tomar tan sólo dos ejemplos. En Sevilla, asistiremos a ese acontecimiento en el cuadro en el que María Pagés viste un traje que la hace mitad torero, mitad toro, sin renunciar a su condición de mujer. Sabemos que el toro es uno de los animales de la Gran Diosa, de la Diosa Madre, pues sus cuernos rememoran el crecimiento de la luna. Esa luna-toro se trasladó a la iconografía cristiana como la luna-cuernos del diablo que pisa la Virgen María en alguna de sus imágenes, manteniendo el manto lleno de estrellas en suficientes ocasiones como para que olvidemos el origen pagano de tales símbolos. La danza del toro, el ruedo donde da vuelta el tiempo y su luminosidad
PragatiSood duranteunaactuaciónenBarcelona
recordemos que el propio traje del torero se conoce como “traje de luces”-, pertenece a ceremonias ancestrales en las que la mujer tenía un papel indispensable. Es el caso de las tauromaquias cretenses, pero también de la danza de las adoradoras de Khishna, o de las “mayas” en todo el Mediterráneo, que reviven los cultos, en el mes que acabó dedicándose a la Virgen María, a la Tierra y a la fecundidad de la Tierra.
Ceremonia de la fecundidad, la asociación entre el toro y el fuego, el toro y la luna en sus diferentes fases de luz y oscuridad, de aparición y sombra, así como el sacrificio que el toreo supone, y que tanto nos dice de otros cultos semejantes como el de Kali, manifestación, también, de la Diosa.
Pero hay algo en lo que no podemos dejar de detenernos, aunque sea de un modo sucinto: no hay nostalgia en la visión de esta Sevilla de Pagés.
Hay la satisfacción del que crece y sabe que la infancia real o simbólica se construye con la materia del sueño, y que ese sueño no será evasión, sino sueño que libera y emancipa cuando permite ser crítico y crear, por tanto, alternativas. No hay, repetimos, nostalgias ni tampoco una visión travestida del mundo en la que “espiritualidad” pueda confundirse con “fanatismo” y “respeto” con “miedo”.
La lectura que a través de Sevilla nos llega es plenamente contemporánea, plenamente diversa, mezclada, abierta, irónica, nos atreveríamos a decir que “posmoderna” tanto en la estética como en el fondo ético que tal estética destila.
Una ética de la acción, en la que la belleza va de la mano con la armonía. Y esta sólo es posible cuando todas las voces están representadas, cuando se habla para los diferentes sectores sociales sin menospreciar a ninguno, pero sin aceptar la ignorancia tampoco, porque entonces no estaría María Pagés siendo leal a sus principios de creadora.
La vemos cuando elige, para cantarle “a su pueblo”, la saeta que escribiera Antonio Machado, con toda la carga intelectual e ideológica que mencionar su nombre supone, y a la que puso música Serrat. En un momento de la saeta se dice:
No puedo cantar ni quiero / a ese Jesús del madero / sino al que anduvo en la mar.
Y también:
Cantar de la tierra mía / que echa flores / al Jesús de la agonía / que es la fe de mis mayores.
Y María Pagés hace que el baile y la canción transcurran de espaldas al público, y también de espaldas al ídolo religioso.
Una vez más María Pagés aceptaría las palabras de Nietzsche, quien en El nacimiento de la tragediaescribe:
Cantando y bailando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y está en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformación mágica […] El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte: para suprema satisfacción deleitable de lo Uno primordial, la potencia artística de la naturaleza entera se revela aquí bajo los estremecimientos de la embriaguez. (2)
Para continuar:
[…] algo jamás sentido aspira a exteriorizarse, la aniquilación del velo de Maya, la unidad como genio de la especie, más aún, de la naturaleza. Ahora la esencia de la naturaleza debe expresarse simbólicamente; es necesario un nuevo mundo de símbolos, por lo pronto el simbolismo corporal entero, no sólo el simbolismo de la boca, del rostro, de la palabra, sino el gesto pleno del baile, que mueve rítmicamente todos los miembros. (3)
NOTAS:
RODRÍGUEZ MARTÍN, G.: art. cit., en Revista “Doce Notas”, nº 13, veranootoño 2004, p.95
NIETZSCHE, F.: El nacimiento de la tragedia, Madrid, Alianza Editorial, 1994, p. 45
Idem: p. 49
Enric Donate Sanchez
a campaña publicitaria del gobierno de la India para atraer al turismo extranjero funciona. Lejos de liderar el sector turístico en la región de Asia-Pacífico, la India continúa registrando buenas cifras en crecimiento de visitantes e ingresos totales año tras año. En 2006 fueron 4.43 millones de llegadas internacionales, lo que supone un aumento del 13% respecto al año anterior. Su gasto total ascendió a 6.569 millones de dólares, superando en un 14.6% los registros de 2005. El país no deja de mejorar su difusión exterior con una importante campaña publicitaria, Incredible India, que ha sido galardonada con el premio Euro
Effies. Asimismo, la apuesta por ral en las regiones receptoras, un turismo de calidad que com-respetando al máximo la econoporte un enriquecimiento gene-mía tradicional y el medio
ambiente le ha supuesto el premio al mejor proyecto de turismo sostenible de World Travel Awards.
Los transportes han experimentado en la última década una verdadera revolución en la India. La imagen del viajero intrépido a bordo de trenes repletos de pasaje empieza a pasar a la historia. Cada vez existen más for-mas de viajar, para todos los bolsillos y para todos los nive les de exigencia; con todo, no siempre un mayor confort va a ir
ligado a precios exorbitantes. Indian Railways ha puesto en servicio nuevos trenes que realizan largas y medias distancias a prestaciones para el usuario. Los Rajdhani Express unen Delhi con las principales capitales (Chennai, Bangalore, Mumbai, Kolkata, Ahmedabad, Trivandrum, Bhubaneswar) y con ciudades de media distancia (Chandigarh, Jammu, Simla, Kalka, Ranchi), mientras que los Shatabdi Express efectúan recorridos intercity con otros orígenes y destinos. Con todo, es el transporte aéreo el que ha sufrido en los últimos años una mayor transformación. El último informe del UNWTO (Organización Mundial del Turismo) sitúa a la India como el líder del sector LCC (Low Cost Carriers) en el continente asiático, con 7 grandes compañías y más de 70 destinos cubiertos. Conocer el subcontinente aún requiere largas distancias, pero cada vez es más fácil conocer los cuatro costados de la India cruzando sus cielos.
Con el milenio, llegó a Asia la fiebre por el bajo coste. Esta nueva modalidad de compañía aérea nacida en Estados Unidos donde la legislación de navegación aérea era más laxa, pasó a Europa con un éxito espectacular, llegando a Asia tras su implantación en Australia y Nueva Zelanda. En viajes de placer, las líneas aéreas de bajo coste ofrecen precios muy competitivos, en especial a los clientes previsores. Las aeronaves más comunes en este tipo de vuelos son Airbus A320 y Boeing 737 con equipamientos limitados, un hecho que reduce sensiblemente el coste de adquisición de los aparatos. La compañía pone a la venta una sola clase y reduce al máximo
en el precio, que pasan a ser facultativos. En muchos casos, estas compañías eligen aeropuertos con menos tráfico para aumentar sus cotas de puntualidad y reducir los tasas aeroportuarias. La venta de sus producy Jet Airways. El éxito de Air Deccan operando desde el aeropuerto internacional de Bangalore, con un segundo hub en Chennai, le ha llevado a cubrir 64 rutas, con 350 vuelos diarios. Un vuelo entre Bangalore y Delhi suele costar a partir de las 3000 rupias con
tos se realiza casi exclusivamente a través de Internet, donde priman los e-tickets y se permite la adquisición de vuelos de un solo trayecto, sin perjuicio para el pasajero. En la India la primera compañía en operar en condiciones de bajo coste fue Air Deccan, con sede en Bangalore [www.flyair-deccan.com]. Su vuelo Bangalore-Delhi empezó el 25 de agosto de 2003 con un ahorro del 30% respecto a las tari-Bangalore y Chennai, Air Deccán cubre las rutas a los mayores aeropuertos del sur (Trivandrum, Kochi, Coimbatore, Calicut, Madurai, Tuticorin) y a Port Blair, en las Islas Andamán y Nicobar. También tiene una buena cobertura en la zona central con vuelos a Hyderabad, Goa, Mumbai, Pune, Tirupati,
Vishakhapatnam y Bhubaneswar, entre otros. Desde Kolkata opera a las principales ciudades del nordeste (Agartala, Imphal, Aizwal, Dimapur o Dibrugarh), mientras que el aeropuerto de Delhi le sirve de base para los destinos del Himalaya entre los que cuenta Kullu, Shimla, Dharamshala, Leh, Jammu y Srinagar.
Mucho más joven se presenta Spicejet, la compañía del chilly
el 2005 con base en Delhi ofrece vuelos a 11 de los principales destinos, incluyendo Jammu y Srinagar. Su campaña de lanzamiento fue una exitosa venta de vuelos a 99Rs., a los que han desde 999Rs. A diferencia de las líneas de bajo coste, Spicejet ofrece un buen servicio a bordo y su principal target son los usuarios del ferrocarril con AC, con el que puede competir por precio, servicio y horarios. La reforma del aeropuerto Indira Gandhi de Delhi es el siguiente paso para el desarrollo de la compañía desde la capital india.
El aeropuerto Chhatrapati Shivaji de Mumbai es la sede de Go Air [www.goair.in]. Esta compañía aún en crecimiento opera a diversas destinaciones del sur y el oeste del país. Inauguró su primer vuelo en noviembre del 2005 y está actualmente experimentando un aumento de la oferta tanto en destinos como en frecuencia. Por ello, en
2007 va a recibir una serie de encargos a la industria aeronáutica internacional que mejorarán su flota actual. Las tarifas promocionales desde Mumbai a Hyderabad o Bangalore empiezan desde las 500Rs.
El éxito de estas compañías que, según previsiones de la UNWTO, coparan el 70% del mercado indio hacia el 2010, ha arrastrado a las líneas aéreas tradicionales. Indian Airlines [indian-airlines.nic.in], Jet Airways [www.jetairways.com] y Sahara Airlines, ahora Jet Lite [www.jetli-te.com] se han visto forzadas a bajar precios, aunque todavía mantienen la doble tarifa para ciudadanos indios y extranjeros, cosa que las convierte en oferta poco atractiva para los viajeros españoles. Hasta hace poco las compañías tradicionales eran las únicas en operar vuelos a destinos populares como Leh en J&K, pero esta exclusividad pare-ce decaer en favor de una democratización del acceso al transporte aéreo. Un caso peculiar, dentro del sector es la compañía Kingfisher Airlines [www.flykingfisher.com] que pasó de línea de bajo coste a línea aérea convencional en 2006.
Cabe mencionar también Air India Express [www.airindiaex-press.in], subsidiaria de la gran compañía nacional, que ha empezado a ofertar vuelos entre la India y el sudeste asiático: Bangkok, Singapur, Kuala Lumpur y Colombo. Asimismo, opera rutas hacia Oriente Medio; los Emiratos Árabes Unidos están entre sus destinos en la región. El experimento de Air India supone la primera inmersión de una compañía india en las rutas internacionales de media distancia.
En conjunto, la salud del trans-porte aéreo en la India es excelente. Hay muchas y buenas perspectivas de crecimiento. Parece que los operadores indios han alcanzado la madurez en poco tiempo, pero todavía les queda margen por recorrer. La ampliación de las flotas y la apuesta por líneas de media y larga distancia internacional son tal vez los retos más interesantes para las compañías existentes.
La tendencia generalizada en las grandes marcas a crear su sello low costse está repitiendo en la India, lo que augura una mayor competencia en el mercado. Si a ello sumamos, que el trato de las líneas de bajo coste en la India es exquisito, así como los servicios a bordo, frente a la parquedad de los ofrecidos por sus homólogas europe-as, la elección de un vuelo de bajo coste para cruzar la India parece hoy día la opción más práctica y cómoda. Con todo, para los nostálgicos siempre quedará el Himsagar Express.
Vicente Molina Foix
i India es italiana por casualidad, aunque mi relación
entera con ese país nació casualmente. Yo no tenía a la India en la cabeza -plantada en el campo de los sueños- como destino primordial, del modo en que muchos ‘hinduístas’ de mi edad y más jóvenes la han tenido, algunos a la espera aún del viaje soñado. Llegué en febrero de 1993 a la capital del país sin haberlo deseado nunca -como deseaba a Egipto, a Islandia, como sigo deseando a México-, y por ello sin haberlo leído apenas. En Delhi, mi amigo el diplomático Santiago Salas me pasó un ejemplar de ‘A Suitable Boy’, la novela de Vikram Seth entonces recién aparecida (y que, convertida pronto en un ‘bestseller’ mundial, llegaría a España con el título de ‘Un buen partido’); sus casi 1400 páginas fueron una buena compañía por el noreste de la India y Nepal hasta que, a punto de terminarla, descubrí y compré en una pequeña librería de libros usados de Katmandú ‘L´odeur de l´Inde’, la traducción francesa de un relato de viajes de Pasolini. Mi primer italiano indio.
He hecho desde entonces los deberes de ‘indiomanía’ literaria, a la vez que seguí viajando regularmente por distintos estados del sur y el norte. He leído las ‘indias’ de Forster y de Ackerley, de Hesse y René Daumal, la traslaciones más o menos fieles de Sir Richard Burton y Alain Daniélou, las moradas místicas de Isherwood y Huxley, el ensayo de Octavio Paz y la fantasía de Martínez Sierra, incluso las divulgaciones de Calasso y Dalrymple, mientras trataba de ponerme al día en los autores nativos de sus diversas lenguas, desde Mirabai a Anita Desai, pasando por Tagore, G.V. Desani, Narayan, Rushdie y Ghosh. Siguiendo la pista de Pasolini llegué al ‘Esperimento con l´India’ de Manganelli, y un día en Venecia encontré saldado un tomito de Guido Gozzano cuya ‘copertina’ de miniatura erótica rajastani me atrajo más que su título, ‘Verso la cuna del mondo’. Por culpa de estos tres últimos escritores, la ‘India of my mind’ tiene el color de Italia.
Olores indios. “El olfato es el más animal de nuestros sentidos, y esto confirma el neoprimitivismo de Pasolini”, dice Moravia, compañero de viaje en 1961 (junto a su mujer Elsa Morante) del autor de ‘Teorema’, en un apéndice a la edición española de ‘El olor de la India’. El libro no responde, sin embargo, al título, pues más que olfatear, Pasolini miraba: “los indios nunca están alegres: sonríen a menudo, es cierto, pero se trata de sonrisas de dulzura, no de alegría”. O recapacitaba en su estilo más comba
tivo contra la Europa de las religiones de estado y la vulgaridad burguesa, angustiado por la posibilidad de que un país que ama tanto como la India se occidentalizase de “manera mecánica y deteriorada”. Y un pensamiento ambiguo, tal vez culpable, que entiendo muy bien, respecto a los rasgos lenitivos de la dominante religiosidad hindú o jainista: “Si el indio pierde su inseguridad, su mansedumbre, su carácter temeroso, su pasividad, ¿en qué se convierte?”
Manganelli hizo de periodista (le envió a la India la revista italiana ‘Il Mondo’ en el año 1975), y como tal se mostró impertinentemente sabueso, por ejemplo con Hesse: “En ‘Siddharta’ la gente muere a orillas de ríos alegóricos y, en conjunto, reina un olor a madera de sándalo”. Finísima nariz de Manganelli: “Leyendo la novela de Hermann Hesse, se olvida que los excrementos existen”. Mi amiga romana Domitilla Cavalletti, con la que ya he viajado tres veces a la India (y se sabe, diría yo, de memoria a Manganelli), utiliza siempre que nos acercamos por carretera a una de sus grandes ciudades el adjetivo “esfintérico”; más que en ningún otro país que yo conozca, las aglomeraciones urbanas de la India son desparramados entes vivos, y para llegar al hotel, al templo, al palacio o a la mezquita, antes hay que pasar por un interminable y hediondo intestino grueso. ¿Cabe hacer himnos a la suciedad rectal? Manganelli, cuando menos, desconfía de nuestra aseada, aséptica civilización, que “ha encerrado sus propias deyecciones en inmaculadas jaulas de cerámica”, y rastrea en la India una “suciedad original, que es la del albor de los tiempos, y que nosotros hemos traicionado, como lo hemos hecho con todo nuestro cuerpo, con nuestros pelos, nuestro sudor, nuestras uñas, nuestras partes genitales, nuestros esfínteres”. La India es el reino de lo innegable. De lo manifiesto.
El país más pudoroso y santo que conozco a la vez que el menos avergonzado de su propia exposición física, de su orgánica materialidad.
No es preciso ser italiano para admirar la proliferación, el énfasis teológico, los actos de piedad reiterados, la “poesía de lo superfluo y la ciencia de las cosas inútiles”, palabras, éstas últimas, con las que caracteriza a la India Guido Gozzano, otro poeta, excelente poeta crepuscular, que también viajó allí como ‘reporter’ (a cuenta del diario ‘La Stampa’ de Turín), si bien sus crónicas poseen un nivel de veleidad metafórica y atención a lo inactual que pocos jefes de redacción actuales dejarían pasar (por no hablar de los correctores de estilo).
Es cierto que la India sorprende, sobre todo si se llega sin previo aviso (ya he dicho que ése fue mi caso), por el despilfarro de sus signos, una riqueza natural que, sin paliar la pobreza, le da una mortaja llevadera, voluptuosa. En el parque de Delhi que rodea el minarete de Qutab, la prime-ra tarde de aquel primer viaje casual de 1993, los grandes pájaros negros posados ruidosamente sobre las ramas no me dejaron ver los árboles; más cuervos que en toda la literatura gótica anglosajona. Gozzano, de visita en un Hospital de Animales de Bombay, se extasía por el espectáculo (¡y el hedor!) de las numerosas especies allí ‘internadas’: “falanges de bestias de carga, rocines de plaza, búfalos, cebúes demacrados o hidrópicos, derrengados, anquilosados, cubiertos de úlceras y de llagas, monos, perros, gatos ciegos, mancos, sin pelo: una parodia lacrimógena del Arca salvadora”. [Montale, gran entusiasta y difusor de Gozzano, dijo de él que era el primer poeta que “soltó occidental se subleva, pregunta indignada porqué no se les da a esas pobres bestias el golpe de gracia, adormeciéndolas con una doble dosis de cloroformo”. Y el escritor italiano escucha de su anónimo interlocutor de Bombay una réplica: “Porque no se tiene derecho a destruir una vida, cualquiera que sea”. Vivir para sufrir, reflexiona Gozzano; ¿sufrir para qué? “Para extinguir en la rueda de las encarnaciones infinitas el deseo de existir”, le responde el mismo hombre del hospital. ¿Y si fuese verdad?, escribe el autor de ‘Verso la cuna del mondo’, momentáneamente convertido al dogma de la reencarnación. Siguiendo ya la hipótesis, cierra Gozzano el capítulo de sus crónicas indias titulado ‘El vivero del Buen Dios’ con la implícita aceptación de que el gusano, el perro y el hombre tal vez no sean sino “distintas graduaciones del espíritu”.
Imposible no ser animalista en la India, sin necesidad por ello de creer que bajo el rumiante remolón o el ave de presa atenta al menor despojo hay un tendero reencarnado. El animal vence allí tanto por desdeñoso y peripatético, si es vacuno, como por presumido: el destello del negro de los cuervos, sociables de buena mañana cuando uno deja algo de pan o café en el servicio del desayuno; la comedia más que humana de las familias de monos que saltan a cientos de los árboles a los coches en parques naturales y templos selváticos, siempre con la burla de sus arti
Ante tanta penalidad malamente
mañas en la cara; la coraza sentimental de los elefantes, ni siquiera alarmados ante el paso de los turistas cuando hay bebés ejercitando su trompa en la charca. La vaca filosófica india es adorable, pero el elefante, el mono y el cuervo dan cara a mi trimurti zoológica.
¿No me estaré poniendo orientalista? Es otro gran peligro del viajero indiómano: el esteticismo de las cantidades. Gozzano cayó en él, con su brillante armería verbal, al describir un combate de monas y urracas en un mercado, o embaucado por el “ojo microscópico, casi perdido en la mole de la cabeza”, de los elefantes, donde el escritor ve alternarse “un resplandor indefinible de astucia irrisoria y bondad indulgente”. Yo, por inclinación natural más débil (y peor pertrechado de retórica que el doliente poeta piamontés), corro mayores riesgos de molicie o “pigricia contemplativa”. Así que trataré de volverme “ciego en torno a las imágenes recibidas”, como le escribiera Rilke en una carta a Benvenuta. Mi simbólica ceguera imaginista sería, de funcionar, más modesta que la del poeta de las ‘Elegías de Duino’, adoptada la suya en aras de la salvación del “alma poética”: la mía, una mera purga de la concupiscencia de la mirada. Y en mi intento vuelvo a Pasolini y Manganelli, quienes, sin perder un matiz del colorido indio ni rehuir el shock olfativo, supieron ver en sus viajes periodísticos el contenido de la religión.
Ya antes me referí a la idea purista, para él tan reconfortante, que Pasolini se formó de la profunda observancia religiosa de los hindúes; a ellos, sostiene en su libro el cineasta y poeta, la fe les hace substancialmente mejores, al contrario que a los católicos europeos. Manganelli es menos absoluto; para él, la sociedad, la cultura india, no dejan lugar a la “piedad individual”, pues rechazan esa “caridad dolorosa, desesperada, que en el Occidente se liga a lo efímero”. En la India existiría así, según el autor de ‘La ciénaga definitiva’, una “piedad cósmica”, la “consciencia de una pena universal y anónima que nos toca a todos y a todos nos consagra”. Y, remata Manganelli su cábala: “Esta ausencia de piedad individual trans-forma a la sociedad india en un lugar trágicamente inaccesible, ganado por una dulzura dramática, incomunicable, una indiferencia sin desdén, sin remordimientos, sin indulgencia.”
Yo accedí a la India por el norte, sia tántrica y el escultor recoja también la copulación del hombre con los animales, el espectador, aunque sea igual de ateo que yo, no pierde de vista la matriz religiosa del programa trazado en los muros; las imágenes eróticas de los templos de Khajuraho y otros conjuntos importantes del norte y centro de la India (como Konaraka y Puri) trasmiten el efecto trascendental y bonificador de una creencia profunda, verdaderamente edificante. Yo podría ser miembro de una religión así de inamovible en sus símbolos, tan gozosa y ordenada.
Ahora bien, en el último viaje (febre-ro/marzo del 2004) llegué al sur, al estado de Tamil Nadu, que me pareció el solar arquetípico de todos los Sures del mundo. Yendo por carretera desde el estado de Kerala, la primera parada fué Madurai, que más que una inmensa población (casi millón y medio de habitantes) es un templo que ha fructificado de manera orgánica y monstruosa en una ciudad. Y tuve la gran recaída. Me sentí casi igual de abrumado que Rilke por el espectáculo del paisaje de nubes y cielo de Ronda, ante cuya belleza subrayada, múltiple, el poeta reconoció la obligación de “dejar de ocuparme de las cosas externas”.
Meses después de mi visita sigo sin saber si el recinto templario de Madurai que honra a la deidad menor Minakshi, la “diosa de los ojos de pez”, es hermoso o sólo pasmoso: un problema no tanto de juicio estético como de procedencia geográfica o perfil genético, pues la capa de pintura chillona que hace seis o siete años se le ha dado a los conjuntos de figuras de yeso agobiantemente erigidas en el exterior de las ‘gopuras’, ‘man