nuestro director, nos anuncia al final del ensayo que la Embajada de la India nos invita a cantar en su país. Algunos sonríen, otros piensan en la dificultad del viaje, algunos callan y otros sueñan. Esta escena ocurrió hace ya varios meses y marcó el inicio de nuestro viaje a la India. A partir de este momento, los ensayos, los conciertos ya planificados y la elección del repertorio se inflaron de ilusión y motivaron el intenso trabajo necesario para cumplir satisfactoriamente con esta invitación. Con nosotros, un entramado de personas y entidades colaboraron en la consecución de este fin, la Embajada de España en la India, el ICCR, el centro cultural de Tolosa (CIT), los miembros del gobierno municipal y los patrocinadores que ayudaron a financiar el proyecto; a todos ellos debemos y agradecemos por esta experiencia inolvidable.
Jueves 13 de Abril, el cansancio y la fatiga del largo viaje se diluyen al pisar el suelo de Delhi. Comienzan las sensaciones, el calor, las nuevas gentes, la excitación y por supuesto la música, que nos acompaña a la India. Delegados del ICCR nos esperan y acompañan al hotel. “Tomorrow we´ll visit the Taj Mahal”, con este aviso nos damos cuenta de que estamos aquí no sólo para cantar sino también para disfrutar. Y así es, el mármol blanco de este gran mausoleo nos seduce...y cantamos. Con el Taj Mahal ante nuestros ojos y el sol a nuestra espalda, nuestras voces entonan una romántica melodía que se funde con el amor que levantó este gran monumento. Con el sosiego que transmite el paraje, el paseo permite gozar de las blancas celosías, los minaretes, el hamam y el balcón sobre el Yamuna.
De vuelta a Delhi, el constante ajetreo contrasta con la tranquilidad del día anterior. Ávidos de emociones nos perdemos entre las calles cercanas a Chandni Chowk. Sándalo, curry, cardamomo, cominos...nuevos olores para registrar en nuestra memoria. Bicicletas, motos, coches, elefantes, vacas, hombres y mujeres se entremezclan y rompen nuestra quietud. Esto es Delhi, ahora nuestros sentidos están alerta, aprehenden nuevos sonidos, olores, sabores y colores. Al final del día el encuentro en el hotel, antes de descansar compartimos anécdotas, los descubrimientos de unos despiertan la envidia de otros. Ana ha comprado un sari de seda, una mujer le ha mostrado cómo vestirlo y desfila elegante por el vestíbulo, Nuria contempla el espectáculo y promete comprarse uno mañana mismo. Iñigo comenta fascinado su paseo en elefante. Agustín dice que ha probado su primer “chai” mientras esperaba su turno en el barbero.
Próximo destino Bangalore. Llegados al hotel descubrimos la ayurveda, esta medicina desconocida para nosotros se convierte en un impulso de bien-
RÍO DE LA MISERICORDIA: JOAQUÍN BENITO DE LUCAS CITA DE IIM, AHMEDABAD
LA INDIAENEL JARDÍN DE LAS FAVORITAS OLVIDADAS M.ª FERNANDA SANTIAGO BOLAÑOS
SEIS IMÁGENES DE LA INDIA (SEGUNDA PARTE) DR. ÒSCAR PUJOL
ESPAÑA EN LA INDIA
A. MAJID PADAR
GRANDES SÍMBOLOS DE LA TRADICIÓN SAGRADA: EL VIAJE DR. M.ª TERESA ROMÁN LÓPEZ
DICCIONARIO SÁNSCRITO-CATALÁN DR. PUJOL SE ENTREVISTA CON HOLA NAMASTE
AKKA MAHADEVI: MÍSTICA BHAKTI DEL SUR DE LA INDIA MÓNICA DE LA FUENTE Y GUILLERMO RODRÍGUEZ MARTÍN
DADIMA KI RASOI VIJAY THAKUR SINGH
VISITANDO NUESTRO PRADESH BENGALA DEL OESTE VIAJAR POR LA INDIA CON HOLA NAMASTE
LAS FUENTES DEL GANGES JUAN LUIS SALCEDO MIRANDA
VISIONES: INDIA DEL SUR BLANCA GARCÍA-VEGA
ISRO: PROGRAMA ESPACIAL DE LA INDIA REDACCIÓN
LOS AMORES DE RAÚL RAÚL P. MASIP
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Yo he conocido muchos ríos en cuyas aguas han bebido mis ojos: niños en el Tajo; juveniles, del Bárada, en Damasco; en el Spree, por Berlín, iracundos, y, de nuevo, serenos en el Tigris antes de ser bombardeada la inocencia de tantos peces y tantos niños.
Yo he conocido muchos ríos de vida, muchos ríos milagrosos, donde las aguas nunca fueron nubes, ni los ángeles peces de sumergido suelo; ríos con puentes que se alzaban lejos abrazados al aire que mueven las orillas. Nifas de Garcilaso entre los álamos Cuyo cantar llegó hasta mis oídos acariciando el arpa sonora de las algas. La infancia de Kabbani por sus brazos Húmedos, y el desierto. La renuncia de Adonis a beber en sus orillas agua que se harán lágrimas en el Sena. El cruel pistoletazo de von Kleist resonando en el oscuro lecho de los suicidas. El destino de al-Bayati, destierro tras destierro, dentro y fuera del cuerpo de su patria.
Humedecida historia, Páginas hechas agua, sangre y tinta compartidas y escritas en la arena; juicio de la corriente y de sus remolinos, caudal de vida que fluyendo crece, madera de los años deslizándose lenta, rama o tronco, navío, barca o barco que mi padre no supo navegar.
Hoy es otro río el que miro. Mas verde que ninguno y ancho más que ninguno, su corriente baja desde la luz del Himalaya, desde sus cuevas, donde el aire acuna y calienta la nieve con su boca. Pasa por Hardwar es río de vida. Y es abrazado por los que sin manos para pedir, besado por los que están si labios para rezar, llorado por los que ya no tienen ojos para mirar sumergen sus cuerpos en el cuerpo del agua como un rito que es purificación y comunión y entrega.
Mis ojos, siempre niños,
que vieron muchas veces los ojos de mi padre
cuando entre la corriente levantaba
su barca como quien
levanta la esperanza
para que no se ahogue,
han mirado este río de la misericordia,
y a esos cuerpos morenos sosteniendo
el rezo de los vedas sobre la voz del agua.
Y, luego, al agua se entregaban,
lavando la esperanza en sus orillas,
regalándole al cauce
tristes pañuelos blancos de miseria,
Y en el cauce dejaban pedazos de su vida,
Toda su fe sin ruido en la corriente.
O en el limo del fondo ,
Allí donde levanta
Su trono olvidadizo la memoria,
se acurrucaban entre flores, frías
serpientes de papel, pavos reales,
columnas rotas de marfil, carrozas,
coronas, cartas, cuerdas y cuentas de collares
que rodaban del pecho de algún díos vengativo.
Este río de la misericordia
en sangre viva, historia viva, vida
que templa el corazón con su corriente,
De orilla a orilla,
Recoge entre sus largos brazos de agua
Cuerpos amortajados, inmortales
Almas, pedazos de cartón, papeles,
Férulas, vendas, sondas, andas, hondas,
Rebeliones, fusiles, lanzas, danzas,
Granos de arroz y versos de Tagore.
Todo va al mar y desde el mar regresa, Trasmigración de los que tuvo vida Y vuelve a reencarnarse en el poema.
Del libro INVITACION AL VIAJE (Premio Rabindranath Tagore)
Así lo hacia aquel hombre que me condujo hasta la orilla para que viera como su cuerpo se enterraba entre las verdes aguas que presurosas iban lamiendo pies de niños y arrancando cadenas. Sumergido había visto Soles que nunca pudo ver, oído Palabras que ninguno escuchó, vivas músicas que imitaban los cantos de su tierra. Y colores, lo mismo que pájaros de un bosque; Carrozas, arcos, dioses con vestidos de flores que los dedos del agua dibujaban. Porque el verdor del río es sólo la promesa con la que invita a sumergirse. Dentro la luz inventa nuevas formas, hace transparente lo opaco de la carne. La sangre siempre vive allí más roja, la piel se hace más blanca, los cabellos alzan su fino poderío de sombra. Y por los dedos de cada mano se izan las banderas con todo los colores del milagro.
“¿Bueno, qué puedes aprender de un país cuya mayor contribución al mundo ha sido cero?” “Un país es invadido durante 6.000 años. Seguramente, por algo será”.
Anuncio del Indian Institute of Management (IIM), Ahmedabad
a un marinero, de pero también en esos otros mares promesa de felicidad, de padres a nombre Ziquiel como el ángel que son los desiertos, era un hijos. Según una tradición centenapríncipe de los cometas, que nómada que en uno de sus viajes ria, el hombre buscará, como su intentaba consolarme de mi pena estelares había dado en el Rajastán padre, y el padre de su padres, a porque aquella próxima llegada a donde, me decía, ciertos oficios una mujer que pueda acompañarlo puerto no sería feliz para mí. como el de titiritero se transmiten en su dedicación cantando al son Curtido en los mares de Oriente, hereditariamente, igual que una de los tambores y narrando el
espectáculo que, con todo el orgullo de la memoria raíz, llevará él un día a cabo; será su esposa quien, además, habrá de darle un hijo varón para que la historia se sostenga y continúe. Llegada la ocasión, el padre dará la marioneta a su hijo como a él se la dio su padre y a su padre el suyo; en cada tránsito, habrán de colocarle al muñeco una nueva falda sobre la anterior, al tiempo que se muestra al neófito cómo dar vida a lo inerte. Cuando sean cuatro las faldas y, por lo tanto, cuatro las generaciones que hayan vivido desde el alma del títere, éste habrá cumplido su misión en el mundo de los hombres: la memoria de los vivos se habrá hecho mitología. Entonces, como agradecimiento, los titiriteros depositarán el cuerpo muerto de la marioneta sobre las aguas de un río sagrado y musitarán un canto por ellas hasta perderlas de vista.
La muerte de una marioneta del Rajastán se mezcla, en mi novela El jardín de las favoritas olvidadas, con la muerte del Capitán, uno de los más grandes protagonistas del libro junto con María Salomón:
Murió el Capitán como los grandes, según cuenta la tradición. Como ha de hacerlo un padre que ama a sus hijos.
A cada compañero le entregaba, en su despedida, un regalo; podría ser una palabra, una imagen, el nombre de una ciudad. A mí me dio, de recuerdo, un abrazo, el mismo que yo le di a mi nieta cuando la conocí en el aeropuerto de La Habana.
¿Todo esto fue así? Todo esto es ahora así, mientras ella, María Salomón, sueña, recuerda imagina y aguarda. Mis queridos amigos de la India:
¿Todo esto es ahora así?, ¿qué hay de real y comunicable en la experiencia personal?, ¿cuánto aporta la imaginación?, ¿y el sueño creador?
Vamos dejando nuestra vida en los caminos de la tierra y escribiendo, con las letras de nuestros pasos, un cuento o un poema que habrá de ser leído por el tiempo y, a la par, que habrá de ejercer como el supremo anulador de la distancia que la obra de arte es capaz de ser.
Crear es despertar mundos dormidos y retirarle el velo al miedo, a la costumbre y a la ignorancia. Hablo de mi propia actitud ante la palabra que pide ser escrita, en esta mi primera visita a la India que, sin embargo, siento mi hogar desde que en una remota niñez la visité, con tanta certeza como profundidad, a través de ese territorio indudable que es un libro. Desde entonces, desde aquellos primeros cuentos, desde las reminiscencias de momentos vividos previamente, más allá de lo que el alma de una niña podía ya haber vivido, sé que habito el agua femenina de sus ríos, los mitos que siempre concluyen en un planteamiento filosófico y la simbología de las palabras que, repetidas, construyen universos porque tienen el poder de inventar el mundo, como la danza de Shiva.
Sé que la narración de todo origen capaz de superar la finitud y la escueta tradición de un pueblo específico tiene por modelo el Mahabharata, y que a través del diálogo filosófico y religioso entre Krishna y Arjuna, dios y héroe, es posible constatar los diferentes niveles de conciencia y esperanza que la mente humana posee, como leemos en el bello Bhagavad Gita. También sé que la sensibilidad poética que abandona lo costumbrista y se extiende, como el polen, a través del espacio y el tiempo, requieren, en mi corazón, de Tagore, como intuyó Juan Ramón Jiménez. Pero también de la experiencia que Mircea Eliade, por ejemplo, recoge y da a sus lectores tras estudiar en la India, donde llega a conocer al poeta hindú, y de donde extrae una manera de “hacer filosofía” que rompe los límites de un sistema al uso tal y como se había concebido en la tradición filosófica occidental, tradición que, sin embargo, los poetas, los pintores, los artistas en general, habían ya superado desde siempre, demostrando, acaso sin saberlo conscientemente, que el Arte es el más elevado camino de conocimiento. A ello me referiré en esta intervención.
Sé, igualmente, que algunas de las imágenes que poblaron y configuraron mi mente mágica infantil y, quizás, determinaron la posición que, como adulta, iba a caracterizarme, han surgido tras la lectura de El rey Vikram y el vampiro, esos “cuentos clásicos hindúes de aventuras, magia y amor”, pues, como leí mucho después en el Rig Veda: El que tiene ojos lo vio; los ciegos no lo comprenderán. El poeta, que es un niño, él sí lo ha percibido; señor de su señor será quien lo comprenda.
También sé, desde hace menos tiempo, que ciertos dolores humanos y literarios tienen un espejo en esas preciosas novelas tamiles del siglo II que han sido traducidas al español como La ajorca de oro (Shilappadikaram) y como La bailarina de la escudilla mágica o el escándalo de la virtud (Manimekhalai).
Pero, por encima de todo, sé que tales textos y otros de cercana procedencia despertaron en mí una necesidad de armonía que intento no perder en las diferentes circunstancias que la vida me presenta. En tales lecturas comencé un aprendizaje que hoy continúa quizás con tanta o más contundencia que entonces: no hay un final único en la vida humana; los modos de ser feliz son infinitos y eso debería hacernos un poco más humildes y respetuosos, como cuando imaginamos la ingente cantidad de estrellas que pueblan el cielo, o los libros ocultos en bibliotecas, monasterios, cuevas, enterrados en desiertos, consumidos por las llamas o por el tiempo, que ya no leeremos, que ya no nos mostrarán un secreto, que serán nada ya para siempre. Pero también la cantidad inconmensurable de buenas ideas que, todavía, pueden cambiar la historia.
Vivir es un camino conducido por una intuición que va tomando for-mas diferentes, y que se va alejando o concretando en la medida en que somos fieles a un principio inabarcable y tan sencillo como el de saber que toda búsqueda conlleva ya un encuentro, que todo logro personal, para serlo, debe ser un logro libremente compartido. Esa imagen hermosa que un libro representa. No hay, en realidad, jerarquías geográficas, no hay Oriente y Occidente salvo cuando lo que se busca es simplificar o destruir. Cuando, por el contrario, la actitud es la de quien encuentra y, por tanto, agradece, quizás la mirada hacia el mundo podría tomar otra estructura: lo que aporta luz, por ejemplo, y lo que roba dicha luz; lo que trae deseos de vuelo y lo que aplasta cualquier elevación. Quizás, lo que niega la dignidad y lo que la propicia.
Déjenme que, como el Capitán en ese fin de una vida y comienzo de otra que se narra en mi novela El jardín de las favoritas olvidadas, les ceda yo tres instantes definitivos en este viaje que hoy me trae a Kolkata para participar en la inauguración de su Feria del Libro. Los tres pertenecen a momentos señeros de la literatura y el pensamiento españoles; y los tres me ayudaron a mí a acercarme al concepto de Maya, ese término característico del Vedanta que, considero, ha sido determinante en mi formación como profesora de Filosofía, como investigadora del hecho teatral pero, sobre todo, como escritora. Determinante, pues, en mi modo de ver y de estar en el mundo.
El primero, se refiere a Calderón de la Barca, uno de los más grandes dramaturgos de la Historia de la Literatura española, y el texto al que voy a referirme es su conocidísimo La vida es sueño. Tomemos, tan sólo, la lección: el príncipe Segismundo vive prisionero en una torre desde su nacimiento; llegada la ocasión se le sacará de esa cárcel y se le hará creer que todo lo que ha vivido hasta el momento era un sueño. A su extrañeza primera se irá sumando una suerte de despertar de la conciencia acrecentado por un sentimiento desconocido hasta entonces: el sentimiento del amor.
Segismundo, como el esclavo del mito platónico de la caverna, abre su percepción a una dimensión distinta. Al margen de las razones argumentales que desarrollan los distintos momentos de La vida es sueño, es muy importante constatar la importancia que Calderón le da a la duda, a la sospecha, a la intuición desasosegante de que falta
algo en todo lo que vemos, sentimos o sabemos. Ese algo que los meros sentidos físicos no alcanzan pertenece, sin embargo, al ámbito de la creatividad, al ámbito del intelecto sintiente, de esa razón poética que permite, por ejemplo, ponerse en el lugar de otro, sentir e imaginar con él, desear y soñar lo que él desea y sueña, construyendo, en la humana condición, el sentido del deber compartido, la Ética, tan próxima entonces a la generosidad y a la solidaridad que la Belleza enseña. El velo de Maya es apartado por el amor, a quien Calderón define, como lo había hecho ya Platón en Grecia, como “el impulso hacia el saber”. Un saber capaz de romper cadenas, de liberar y que, además, necesita ser compartido, a pesar de la sorpresa inicial, del miedo, de la duda, e incluso del dolor que provoca, a veces, salir de la ignorancia o de los límites que la costumbre impone. Como se dice en el Mahabharata:
Cuando el velo de la ilusión se aparta y se le permite a los ojos ver la verdad, nos damos cuenta de que los ojos no son suficientemente fuertes para resistir su presencia.
En la época de Calderón, circuló en Europa un libro con la leyenda cristianizada de Buda, Barlaam y Josafat, y podemos aventurar, sin temor a equivocarnos, que el sesgo que imprime Calderón a su obra, al margen de ser una preocupación importante en el Barroco europeo, bien pudo deberse a la llegada de este texto que arranca de la India. Del mismo modo que, después, consumado el Romanticismo, el filósofo Schopenhauer leerá a Calderón y se interesará seriamente por la Filosofía Vedanta, abriendo una dimensión en la literatura y el pensamiento europeos que llevará a poetas y creadores, sobre todo, a entender que Europa tiene una importante lección por aprender y que, sin duda, algunos de los maestros que pueden impartirla se hallan en esa parte del planeta que, simplificando, Europa ha llamado Oriente, específicamente en la India.
Es el caso del segundo hito importante de la literatura y el pensamiento españoles que quiero traer esta tarde a Kolkata, pues fue Valle-Inclán, autor al que voy a referirme, un verdadero pionero en el arte de aunar filosofía y creación poética, asentando, acaso sin ser del todo consciente del tema, la extrema necesidad de unir pueblos y culturas a través del más firme puente que puede acercar unos y otros lugares. Me estoy refiriendo, de nuevo, al Arte, a la Creatividad, y a ese testimonio para la memoria de la Belleza, en todas y cada una de sus manifestaciones, que los libros custodian. El texto que voy a mencionar es La lámpara maravillosa, escrita por Valle-Inclán, como les decía, que es acaso el autor teatral contemporáneo más excelso que han dado las letras españolas. Quiero señalar que el primer traductor al español del Bhagavad Gita fue un teósofo, como Valle, Roviralta Borrell, y que lo tradujo y publicó hacia 1905, unos diez años escasos antes de que publicara Valle Inclán este estudio peculiar dentro de su bibliografía que, sin embargo, nos sirve para abundar en su concepción ética y estética de la literatura.
En La lámpara maravillosa, Valle desgrana la metáfora del corazón tan querida por los poetas místicos
o por el Vedanta, y recorre, en clave simbólica, los estadios para llegar a la unión mística con la divinidad. Una divinidad que, en el caso de Valle, llama desde la Belleza. En sus propias palabras:
La belleza es la posibilidad que tienen todas las cosas para crear y ser amadas (ob. cit., Madrid, Espasa-Calpe, 1974, p. 49)
O más adelante: El enigma bello de todas las cosas
es su posibilidad de ser amadas infinitamente (Idem, p. 61)
El poeta, nos dice Valle-Inclán, es el que no teme la luz que deslumbra y cruza ese umbral que bordea los límites de lo cotidiano. Siendo como es mediador entre el mundo parcial y el absoluto, es el loco enamorado de esa especie de eternidad que el poema guarda. Por eso, dirá Valle:
Son las palabras espejos mágicos donde se evocan todas las imágenes del mundo. Matrices cristalinas, en ellas se aprisiona el recuerdo de lo que otros vieron y nosotros ya no podemos ver, por nuestra limitación mortal, aún cuando todas las imágenes y todos los verbos sean eternidades en el seno de la luz. (Idem,
p. 58)
O también:
El verbo de los poetas como el de los santos, no requiere descifrarse por gramática para mover las almas. Su esencia es el milagro musical. (Idem, p. 36)
Avanzo valiéndome del eco de las palabras de Valle-Inclán.
Me gusta recordar que el Quinto Veda, el Natya Veda, el Veda del Teatro, nace de la petición que Brahma le hace a Bharata: idear un arte audible y visible que todos los seres humanos pudieran comprender. Brahma toma de cada Veda una parte, y Bharata lo pone por escrito en el Natyashastra, que recoge la doctrina de la danza y de la representación teatral. Brahma, victorioso de todos los combates, permite eternidad para su arte, porque no hay sabiduría, habilidad, ciencia o bellas artes, consideración religiosa
o acción piadosa que no se pueda hallar en el Teatro.
De los capítulos finales de los Vedas, las Upanishads, se extrae el Vedanta, llamado así por tratarse de esos últimos capítulos. Y de los Vedas nace, precisamente, el Arte del Teatro. Dada la característica que señalábamos antes, hablar del nacimiento “ritual” del teatro es elegirlo como metáfora de la creatividad en general. Porque lo Estético capta aquello que de universal hay en el ser humano y en la vida, por lo cual lo que de época o lugar pueda haber en la obra de arte siempre queda en un plano secundario. Y porque el Teatro mantiene en su hacer mucho de esa seriedad necesaria en el juego (en lenguas como el inglés o el francés está claro), cercano al concepto indio de lila, como actividad constante, como fuerza ejercida siempre desde una distancia, desde una perspectiva que permite el gozo y la reflexión conjuntamente.
Pues bien, no puedo concluir sin referirme a María Zambrano, pensadora española indispensable a la hora de abordar el Arte como un camino de conocimiento. Un camino no excluyente, un camino, por tanto, fundamentado en el amor, en la tarea compartida de crear mundos habitables en la dignidad, en la libertad, en eso que se ha dado en llamar “derechos humanos” y que significa dar oportunidad al sueño de ser realidad que no avasalle.
En un sentido simbólico, y en una interpretación abierta, se trata de no temer descorrer el velo de Maya, la ilusión, adentrándonos, precisamente, en ese territorio donde deja de ser engaño y se convierte en el impulso desvelador que la creación artística entrega, como un regalo, como hizo el Capitán de mi novela con sus seres más queridos: el tiempo y el espacio se hacen estéticos, otorgando un carácter sagrado a lo que, por naturaleza e intención, es gloriosamente secular. María Zambrano habla de un modo de pensamiento donde el método, es decir, el camino, asuma la forma del sueño creador. El rigor no merma respecto al que exigimos al método científico, pero se incorpora a éste la creatividad, el poder conjurador de miedos, separaciones y ausencias que el Poeta conoce, practica y enseña.
Escribir, dirá María Zambrano, es conservar la soledad en que se está. Aunque también dirá que todo aquello que no puede decirse es, precisamente, lo que se tiene que escribir. Quizás porque la escritura, porque el libro entonces, permite la belleza del conocimiento, que es siempre “reconocimiento”, diálogo. Un reconocimiento que emana de esa ley que rige el orden del mundo, de ese orden desvelado que cada cual ha de propiciar en su corazón y al que hemos de obedecer si no queremos traicionarnos. Es lo que la antigua India llamó dharma. Me gusta pensar que se trata del orden moral de los grandes relatos, del poema, de los testimonios de la ciencia y de la historia, que los libros necesarios guardan porque pueden hacernos más libres, porque pueden unir al individuo con la ciudad y con el mundo.
Este año España es el país invitado en esta Feria del Libro de Kolkata. Permítanme, recién acabado el “Año Quijote”, mostrarles mi alegría en nombre de todas las obras escritas en la lengua de Cervantes. Pero también permítanme que las otras tres lenguas cooficiales españolas tengan hoy aquí su momento; tanto el gallego, como el catalán o el euskera vienen a representar lo que nunca debe olvidarse: un libro nace en la fuente de un idioma, se forma, por tanto, desde la mirada al mundo que el ojo lingüístico imprime, marcando lo que de relativo, periférico y mediador implica un libro, incapaz de centralismos o tristes conquistas. Es la posibilidad de que las aguas de la lengua fluyan, se mezclen y se viertan a otras lenguas lo que hace que una creación humana registrada en un libro no se pierda, y se convierta en un bien universal aboliendo todo punto de vista exclusivista y frustrante. Y lo que es aún más hermoso: permite que las fronteras se anulen y el tiempo se detenga, aunque las generaciones se sucedan y dejen a otros su lugar, como ocurre en la comunidad Bhatt, en el Rajastán, cuando las marionetas sagradas –khatputli- han cumplido con su deber en el mundo de los vivos. Queda, entonces, la memoria, un abismo que despierta deseos de pájaros y vuelos cuando nos atrevemos a entrar en él. Como en las páginas de un libro, la tierra y la historia se hacen infinitas y los nombres que adquirirán fama para la posteridad se elevan de la mano de tantos hombres y mujeres anónimos que, ayudados por los libros indispensables, iniciaron el ascenso hacia la íntima gloria, un despertar por mediación del sueño que per-mite aguardar el avance social y entregar tu fuerza a tal empeño. Pues, como dice María Zambrano, “lo profundo es una llamada amorosa”.
El Capitán de mi novela El jardín de las favoritas olvidadas es poeta fundador de jardines. Allá donde un acontecimiento merecería perdurar para gloria de la memoria y el futuro, inicia él el rito iniciático de fundar un jardín. Sin duda, este momento compartido con todos ustedes formaría parte de ese itinerario de instantes transformadores.
Amigos míos de la India:
Sobre las aguas simbólicas de un río sagrado, esas aguas representadas por esta Feria que nace con vocación de fiesta y, por tanto, de unión, dejo mi agradecimiento en las cuatro lenguas de mi país:
Muchas gracias Moitas gracias Moltes gracies Eskarrik Asko
Este artículo se impartió como conferencia en la inauguración de la Feria del Libro de Kolkata en febrero de 2006.
Octubre de 1996, en el ya inexistente vuelo de “United Airlines” de las 0:00 Hong-Kong – Delhi me dirigía a India en mi primer viaje a este desconcertante país. El objetivo de aquel, para mí histórico periplo, era la prospección de proveedores de productos textil hogar, siguiendo con nuestra entonces recién estrenada estrategia del Grupo Eroski de acceder en productos de esta categoría directamente a origen de producción. Recuerdo claramente mis primeras impresiones de caos absoluto al aterrizar en el “Indira Gandhi Airport” de Delhi y salir tras la aventura interminable de pasar inmigración fuera de la terminal… ¿qué es esto?… avalancha de gente descontrolada que lucha por el derecho de porteador de maleta europea…uno pensaba que después de una serie de viajes a Indonesia y China ya lo había visto casi todo. La aventura de llegar al hotel Intercontinental con un taxi local que aceleraba con una cuerda atada y repostaba con el motor en marcha ante la duda de poder volver arrancar, son sensaciones que no creo podré olvidar…
En estos casi ya diez años he mantenido una relación constante con el país , realizando una media de tres viajes por año. Mi impresión siempre había sido que el elefante indio tenía una velocidad de crucero incomparable con el dragón chino, porque siempre lo analizaba desde “la óptica China”, sobre todo en mis años en residencia en Hong-Kong. Y quizás ese ha sido mi error histórico de análisis, creo que probablemente compartido por más de un profesional de los negocios asiáticos. Pero con la perspectiva que aporta el tiempo, lo veo más claro: India debe analizarse en sí misma, desde su propia historia e idiosincrasia, sin comparativos chinos. Porque es una realidad única que hay que hacer el esfuerzo por entenderla en sí misma. Pero la India y su compleja realidad caleidoscópica, de contrastes absolutos, diversidad de religiones, sistema social de castas es complicado de entender y asimilar desde nuestros esquemas occidentales. La gran paradoja India es que en un país de apariencia medieval en el que uno se puede sentir el mismo día en la era de la rueda, la revolución industrial y la era digital. Y para vivir esta experiencia resulta tan sencillo como desplazarse al cercano mundo rural que rodea a “Bangalore”, el “India Silicon Valley”, y ver en directo como campesinos utilizan “Simputer” (“simple computers” agenda digital conectada a internet) para conocer directamente el precio de mercado de productos del campo evitando de este modo intermediarios. Este esce-
nario contradictorio y único aturde los sentidos, confunde y disminuye la capacidad de percibir oportunidades claras de negocio.
El paquidermo indio, no obstante, comienza a moverse con reflejos de tigre de bengala, a juzgar por las cifras macroeconómicas que India está alcanzando en estos últimos años. No debemos olvidar que la liberalización económica de la hasta entonces soviéticamente inspirada, cerrada y cuasi-autárquica economía india es bastante reciente, de 1991. En los últimos años ha conseguido mantener un 6% de crecimiento continuo llegando al 8% en este último ejercicio. Crecimiento superior si analizamos separadamente sectores industriales o sector servicios. Esto a pesar de la aun débil inversión directa extranjera en el país así como sus exportaciones. Con un crecimento más orgánico
interno impulsado por inversión local de los grandes Grupos indios. Tales como Tata, Reliance, Hinduja, Birla, L&T, etc.
La grandes multinacionales hace ya tiempo que visualizaron la oportunidad india e invirtieron con visión de largo plazo, asumiendo que era una carrera de fondo. Pero es ahora, en estos últimos ejercicios, cuando empiezan a generar en ocasiones beneficios por encima de sus casas madre o incluso salvando sus cuentas de explotación consolidadas. Siemens, ABB, Philips son claros exponentes de este fenómeno.
Pero lo que sorprende en India es la seriedad e intensidad de propósito de su población por progresar y el indomable espíritu emprendedor y nivel competitivo de su juventud. La ventaja competitiva que se esta creando es un increíble “ingente pull de talento a buen precio” con competencias y habilidades para servicios que empezó con tareas medias de bajo valor, como los “call centres” y “back offices”. Estas habilidades están evolucionando en la cadena de valor al más alto nivel en sectores tecnológicos como la programación informática, la consultoría tecnológica, y cada vez más avanzando hacia servicios financieros de mayor valor añadido como el análisis financiero, ingeniería industrial, analítica matemática o i+d farmacéutico. La gran riqueza de la India en un mundo globalizado es ese capital humano con talento y de habla inglesa con la inflexible voluntad de mejorar su productividad y progresar en su ventaja competitiva para llegar a ser una potencia mundial, y a mi juicio sin duda lo conseguirá.
India va a ser sin lugar a dudas “el centro de servicios del mundo”. “Todo servicio digitalizable o realizable telefónicamente se puede hacer en India a un precio muy competitivo”, me recordaba el pasado Diciembre un ejecutivo de Infosys en Bangalore, buque insignia de la alta tecnologia India. De hecho el sector esta creciendo por encima del 40 % al año.
Pero India es más que cibernética, “software” bytes”, call centres y “back office operations”. Su base industrial y manufacturera es algo que MCC debe de aprovechar. Sus diversos sectores industriales potentes y muy diversificados con una demostrada historia en implementar con éxito“ sistemas de calidad” y “ total quality management” están en clara expansión y tienen una competitividad mundial. Los motores del desarrollo industrial están sin duda siendo la Automoción, con crecimientos superiores al 25% y la Construcción, por encima del 40% produciendo un efecto dominó en industrias auxiliares y otros de menor entidad como mueble de oficina situado también en estos niveles de crecimiento. Sin olvidar las potentes industria química y farmacéutica indias.
Con estas perspectivas de crecimiento económico mantenido, para MCC , India supone sin duda una oportunidad más que una amenaza directa, pero las oportunidades por muy atractivas que sean pueden pasar intrascendentemente si no se aprovechan. En este momento el dinamismo magnético del país esta posibilitando que empresas de todo el mundo se posicionen rápidamente en la búsqueda de sus posibilidades de negocio rentable.
Una buena oportunidad a tiempo que a mi juicio MCC no se puede permitir el lujo de desaprovechar. Y las oportunidades dejan de serlo cuando todo el mundo las conoce. El “first mover advantage” es una ventaja de posicionamiento competitivo que muchas de nuestras cooperativas pueden aprovechar en India en dos dimensiones fundamentalmente: la de contemplar India como un mercado a desarrollar desde la perspectiva de ventas tanto en exportación como en muchos casos fabricando desde el mercado indio para el mercado indio. Y una segunda, la de mejorar nuestra competitividad global aprovechando sus recursos por medio del “outsourcing” o compras directas de productos o servicios.
Una primera dim